lunes, 19 de julio de 2021

The Ocean At The End Of Thw World Capítulo 18

A primera hora de la mañana, el solemne tañir de una campana los despertó. En cuestión de minutos, cada hombre a bordo del Queen of Pirates se reunió en cubierta, intrigados por la razón de aquel sorpresivo llamado a asamblea.


De pie, frente a la cabina principal, Taguchi les esperaba y, detrás de él, Jin aguardaba con rostro inescrutable.


—Todos se preguntarán por qué los he reunido tan temprano por la mañana—comenzó, con la voz perfectamente modulada y cada palabra cuidadosamente escogida—. Es para anunciarles que retiro oficialmente la acusación que tanto Koki como yo hemos hecho en contra de Jin.


Los murmullos no tardaron en levantarse y Taguchi esperó paciente a que la tripulación callara para continuar.


—Anoche fui en su busca para intentar entender lo qué estaba pasando, para escuchar de su propia boca si las sospechas de Koki eran ciertas.


>>Al principio se rehusó a hablar. Estaba molesto conmigo por mi desatinada forma de proceder, pero al comprender que mis intenciones eran honestas, cambió de parecer y decidió abrirme su corazón. Me explicó en detalle todo lo que lo atribula, y he llegado a la conclusión de que su extraño comportamiento nada tiene que ver con la traición. Lo que lo aqueja en realidad es el dolor insoportable, la impotencia, de no haber sido capaz de salvar a nuestro amado y difunto capitán.


>>A lo largo de este infastuoso viaje, Jin ha intentado enmendar ese error, cometiendo otros pocos en el camino. Se ha negado a pedir ayuda, tan dispuesto a cargar el peso de la culpa por sí mismo y tratando de usar su sola fuerza para llevarnos al éxito.


>>Es un hombre orgulloso, ustedes conocen bien su carácter, y saben que a pesar de sus muchos defectos, jamás ha hablado una sola palabra que no sea verdad. Es sabido a lo largo de los siete mares que su lealtad hacia esta tripulación, hacia lo que ésta representa, es más profunda que el océano mismo y más extensa que el cielo sobre nosotros. Es por esto que retiro mi acusación y también por lo que les pido que perdonen su insensatez.


Entonces clavó la mirada en Koki, quien se encontraba parado casi al frente de la muchedumbre, con los brazos cruzados y la expresión colmada de incredulidad e impaciencia.


—¿Tú retiras la tuya?


Como no había nada que contestar, se quedó callado. Taguchi prosiguió tras cerciorarse de su silencio.


—Aún así, Jin está en falta con la tripulación, por lo que propongo que sean ustedes quienes decidan su castigo. A menos, claro, que aún quede alguna objeción a su inocencia.


Había algo en la imagen que proyectaban al estar juntos. Una fuerza descomedida de la que individualmente carecían, como si así, unidos, se hubieran transformado en un titán que estuviera a punto de devorarlo todo.


No obstante, había algo raro, pudo apreciar Ueda. Algo que no terminaba de casar con la imagen y, guiado por este sentimiento de extrañeza, Ueda pasó al frente.


—Propongo que sea relevado de su cargo como segundo al mando.


Taguchi ladeó la cabeza en un gesto de la más genuina curiosidad.


—Lo relevamos, ¿y después qué?


El noble no había pensado en ello, ocurría que habló por puro impulso, pero también ocurría que en los últimos días se había vuelto un poco más hábil en salvar cara y enfundado de una cordialidad sencilla contestó:


—Puede volver a hacerse cargo de las bodegas.


Animados por la valentía de Ueda, las propuestas no tardaron en llegar y esta iban desde las más humillantes como dejar que la tripulación le arrojara comida podrida y otros desperdicios hasta estar satisfechos; pasando por lo más normal al dejarlo atado a un mástil sin comida ni agua por dos días;  hasta lo inverosímil, como vestirlo de mono organillero y obligarlo a bailar toda la noche sin descanso. Jin no se mostraba particularmente contento con esta idea y parecía dispuesto a matar a quien fuera que la secundara.


No se ponían de acuerdo y aunque la impaciencia se traslucía en el rostro del capitán, tampoco sugería nada.


Al cabo de un rato y con los piratas ya a punto de dejar el asunto para otro día, Kame sugirió con timidez que Jin fuera asignado como ayudante y guardaespaldas de Ueda.


—¡De ninguna manera!—fue la réplica instantánea de Jin.


Su negativa tan sólo incentivó más a los piratas, logrando incluso que Koki exhibiera una sonrisa socarrona.


—¡Es perfecto!—exclamó el pirata del parche.

—¡No!

—Vamos, Jin—se unió Ueda—. De esta forma podrás demostrar que sigues siendo alguien de confianza. Has servido bien a esta tripulación por años y sería injusto que te convirtiéramos en un grumete o que te lanzáramos al calabozo así sin más.


Ningún pirata objetó a esto último, sellándose así el destino de Jin.



Una vez la asamblea concluyó, los piratas se dispersaron para aprovechar el tiempo libre que tenían antes de que el capitán decidiera reanudar labores. 


—Bueno, suerte con eso.


Taguchi le palmeó la espalda antes de desaparecer bajo cubierta.



Ueda se acercó a él, aunque Jin estaba claramente enojado, y de que no tenía la más mínima y remota idea de cómo ese par se habían arreglado, trató de actuar con normalidad.


—Me alegra que estés mejor.

 —Tsk.

—¿Es así cómo le respondes a tu superior?—contestó indignado ante la grosería.


Jin rodó los ojos.


—Estoy bien, Ilustrísimo Señor. No se preocupe por mí.


Dijo esto acompañado de una perfecta reverencia. Ueda se sonrojó al instante ante este nombramiento del cual se había deshabituado, además de que lo creía ridículo y fuera de lugar en su condición actual.


—Con señor basta—se apresuró a decir, tratando de recuperar la compostura.

—No quisiera faltarle al respeto, Ilustrísimo Señor.


El sonrojo de Ueda se multiplicó hasta volverse de un rojo vivo y fue sólo entonces que Jin estalló en una estruendosa carcajada.


—¡Ay, eres un imbécil!


Una nueva carcajada vino acompañada por la de algunos piratas que seguían en las periferias, y el berrinche de Ueda hubiera estallado de no ser porque la risa de Jin se cortó de golpe y el pirata perdió el equilibrio.


Ueda alcanzó a atraparlo, pero apenas la mano del noble entró en contacto con la de Jin, este se apartó bruscamente, como si Ueda quemara, y cayó irremediablemente al piso. A pesar de que la reacción del pirata había sido extraña, Ueda no se detuvo a pensar en ello y de inmediato llamó a los piratas que se habían reído de él para que lo ayudaran.



Lo llevaron de inmediato a la cabina principal y a pesar de sus resistencias, lo tendieron en la cama. Ueda les agradeció y mandó a una a llamar a Kame. Sin embargo, una vez se encontraron solos, Jin se levantó dispuesto a marcharse, pero el noble lo detuvo al empujarlo sin mucho esfuerzo.


—Estás débil.


Jin no dijo nada, se limitó a mirarlo confundido. Ueda tomó asiento junto a él en la cama y evitando mirarle de frente comenzó a hablar.


—Creí que te encontrabas mejor, con todo ese buen humor y con Taguchi de tu lado otra vez...Ellos...Creo que Koki sospecha lo que estás haciendo y yo...yo no sé si quiero ser parte de ello. No hay nada que me asegure salir con vida si elijo ayudarte, así que me gustaría que fueras honesto por una vez en tu vida y me dijeras qué está pasando.


Se volvió hacia él, la confusión en el rostro del pirata se había vuelto una emoción más complicada y difícil de leer. El noble pudo notar que frotaba con el pulgar, la zona en que le había alcanzado a tocarlo.


Ueda frunció el ceño, incapaz de entender a qué se debía el cambio tan repentino de Jin. Tal vez pasar tanto tiempo inconsciente había acabado con la poca cordura del pirata.


—No sé si puedo confiar en ti.

—¿Entonces por qué?—se llevó la mano al crucifijo.

—Has cambiado.


Jin se reincorporó, descansando con cuidado su espalda contra los postes de la cama. Se veía casi igual a cómo la última vez que lo vió consciente, pero sus ojos ennegrecidos tenían un aire de infelicidad del que antes carecían.


Al estar cara a cara, con la luz del sol a espaldas de Jin, sus ojos negros se proyectaron en las sombras, haciendo que resultara casi imposible leer su expresión.


—Cuando desperté, lo primero que pensé fue en ti...Necesitaba verte—dijo por fin con suavidad—. Yo quería…


Levantó vacilante la mano y Ueda cerró los ojos en un acto reflejo, pero la mano del pirata no le hizo ningún daño, sino que se posó en su rostro en un gesto precavido que, de no ser porque provenía de Jin, el noble hubiera jurado contenía algo de cariño.


—Yo quería agradecerte.


Ueda no pudo suprimir el escalofrío que recorrió su cuerpo al escucharlo tan cerca, tan sincero e íntimo.


—N-no fue nada. Tú me salvaste,—dijo con torpeza, abriendo los ojos—¿recuerdas?, ¿en la tormenta? Sólo te estoy devolviendo el favor.


La frente de Jin se arrugó, pero el gesto apenas duró. Su rostro había vuelto a ser distante, también notó que Jin había recogido las manos en un puño a sus costados. Cuando habló, lo hizo con su tono frío y arrogante de siempre.


—Decídete pronto. 




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