lunes, 22 de febrero de 2021

LIPS sub. español


 LIPS

Letra: Axel-G

Letra de rap: JOKER

Música y arreglo: Yukihide "YT" Takiyama

  • La canción es también el tema del drama 1 Pound no Fukuin donde actúa Kamenashi y salió al aire en NTV.
  • KAT-TUN interpretó la canción en la televisión por primera vez en su propio programa de variedades Cartoon KAT-TUN el 12 de enero de 2008.


sábado, 20 de febrero de 2021

The Ocean At The End Of The World Capítulo 11

 

Capítulo 11

Ueda dormía plácidamente tras haber sufrido una fiebre violenta que entre quejidos y pesadillas había terminado por drenar sus fuerzas. Apenas había probado bocado y era casi un milagro que siguiera vivo.

Habían pasado dos días desde la tormenta, y aunque había logrado sobrevivir a la hipotermia de aquella primera noche, Taguchi empezaba a temer que sufriera de alguna afección más grave.

De cierta forma, se culpaba a sí mismo por ello. Sabía que de no haber asesinado al cirujano, el chico ya habría sido atendido con propiedad. Koki no hacía nada para ayudarle a calmar su ansiedad, pues permanecía recargado en el umbral de la puerta, mirándole enfurruñado y soltando resoplidos que habían comenzado a exasperarle.

Ambos estaban molestos por la forma tan abrupta en que tuvieron que volver al pequeño puerto, y temían que su se quedaban más tiempo del que era prudente, los habitantes del pueblo se darían cuanta que eran piratas. Además, casi la mitad de sus hombres estaban de licencia para irse de juerga en lo que los carpinteros reparaban la nave. Sumado a esto, estaba el hecho de que Jin había abandonado el barco sin dar explicación alguna, apenas tocaron tierra.

—No debiste dejarlo marchar—se quejó Koki—. Él nos metió en esto para empezar. Si hubiera traído a Nakamaru como se le ordenó, ya hubiéramos acabado.

—Cometió un error, a todos nos pasa—dijo, su voz más tranquila de lo habitual. Koki bufó—.Si algo te molesta, dilo. Es de mala educación lo que haces.

—Jin es un traidor—acusó con gravedad—.Ahora mismo podría estar escapando y tú se lo facilitaste.

Aunque la expresión cortés de su rostro no desapareció, tanto su voz como sus ojos se volvieron fríos como el mármol.

—Él lo desea tanto como nosotros, puede que incluso más.

—Yo no lo veo así.

El capitán se puso en pie, avanzó hasta él y le miró fijo.

—Yo por Jin pongo la mano en el fuego.

—Vas a salir quemado.

Koki dio media vuelta y marchó.

 

Era ya avanzada la noche cuando encontró la casa del único médico de la región; estaba en lo más alto de una pequeña colina y aunque su fachada era modesta, por la ubicación y el estado casi nuevo de la misma, supo que aquel hombre debía ser bastante bueno en su profesión. Llamó a la puerta un par de veces y cuando esta se abrió, un joven moreno de rostro altivo le recorrió con la mirada en un gesto despectivo que le provocó unas ganas inmensas de molerlo a golpes, sin embargo se contuvo y adoptó una expresión más afable.

—Busco a Nishikido. Me dijeron que es el único médico de la región y…

—No ayudo a criminales.

Iba a cerrarle la puerta en la cara, pero Jin se lo impidió  al interponer medio cuerpo entre la puerta y el resquicio, adoptando su habitual expresión amenazante. Pensó en lo sencillo que sería llevárselo a la fuerza, la diferencia de habilidades físicas era más que obvia, pero se resistió de esto también, no quería complicar más las cosas.

—Es una emergencia—dijo tratando de imprimir un tono agradable a su voz  fallando tristemente en el intento—.La tormenta nos atrapó y un pasajero…alguien importante…él…Su vida peligra.

El médico volvió a recorrer le con la mirada, su rostro se mostraba receloso y lo hacía con una parsimonia tal que empezaba a ponerle los nervios de punta, y no pudo evitar pensar en qué Ueda debía sentirse así cada vez que él dejaba su mirada sobre él más del tiempo que podría considerarse normal. El rostro del joven médico había pasado del recelo al escepticismo y en sus ojos Jin pudo notar un brillo de curiosidad malsana.

—Llévame con él.

 

Afortunadamente, el barco estaba prácticamente vacío, nadie trabajaba ya a esas horas y era seguro que todos estarían emborrachándose en la taberna más cercana. Taguchi era el único que se había quedado velando al enfermo y  en cuanto les vio llegar, la expresión de su rostro se relajó un poco.

El médico se presentó rápidamente y de inmediato pasó a hacerles algunas preguntas de rutina, después pidió le dejarán a solas con el enfermo pues necesitaba hacerle una cuidadosa revisión.

Mientras esperaban, Jin notó que había algo más que preocupaba a su capitán, se veía cansado y en el límite de  su paciencia.

—¿Pasa algo?

—Koki y yo tuvimos una discusión. La misma cantaleta de siempre.

Jin frunció el ceño, cada vez que Tanaka sacaba el tema a colación, las cosas parecían perder su equilibrio natural y con el paso de los años se había vuelto cada vez más difícil recuperarlo. Junnosuke confiaba en él, eso lo sabía, pero había veces  en que las teorías conspirativas de Tanaka sonaban tan verosímiles que él mismo se sorprendía de su ingenio.

Buscó la mirada del capitán, quería saber qué tan minada se había visto, desde el incidente con el anillo, esa fe ciega que le profesaba. Se arrepintió. Sus ojos estaban llenos de dudas.

—Jin, tú jamás me engañarías, ¿verdad?

—Jamás.

Le aseguró, pero incluso él notó la poca confianza que ponía a su palabra.

El menor le dedicó una sonrisa amarga que hizo que algo se deshiciera en el pecho de Jin. De pronto, esos fugaces momentos de intimidad que compartían le parecieron insuficientes y falaces, y se encontró a sí mismo moviéndose hacia él, queriendo sentirlo sólido y real en sus brazos.

Una campana empezó a redoblar en el muelle, un timbre solemne que anunciaba la llegada de un barco, y Jin se detuvo en seco. Apretando los puños a sus costados y volviendo el rostro hacia el camarote avergonzado.

—Jin, tú…

Se interrumpió, el médico había abandonado el camarote.

—Me temo que sufre de clorosis. Sus defensas están bajas por la mala alimentación y me temo que tiene una infección en las vías respiratorias.

—¿Es grave? —preguntó el capitán.

 —No creo que pase la noche.

En ese momento, cualquier tipo de esperanza que albergaban en sus corazones fue engullida por la obscuridad. Enojado, Jin soltó un puñetazo a la puerta del camarote y escupió una maldición.

—Discúlpelo, él chico, él es alguien importante—dijo tomando al médico suavemente por el brazo para alejarlo un poco del enojado pirata—. ¿Está seguro?

—Puedo intentarlo, pero no será fácil. Necesita vigilancia constante y lo idóneo sería llevarlo a tierra firme.

Jin no quería gastar tiempo escuchando cómo el médico vertía falsas esperanzas sobre su capitán, si el noble estaba tan mal como decía, no había forma alguna de salvarlo.

Entró al camarote en que reposaba y se sentó junto a él en la cama, se le veía mucho más tranquilo que la última vez que lo visitó. Tomó su temperatura y al comprobar que esta había bajado un poco apartó la mano con gesto cansino. Se sentía enteramente responsable por el chico, después de todo, él había sido el único que le había secuestrado y aún era incapaz de entender el por qué.

Ueda debería estar reposando tranquilo en una tumba marina. Un destino definitivamente más amable que tener que enfrentarse a los horrores de la enfermedad.

Como sabía que quedarse allí era tan inútil como estar en cualquier otra parte, abandonó el camarote.

Afuera, el médico y el capitán seguían discutiendo acerca del tratamiento para el enfermo.

—Jin, —dijo el capitán en cuanto le vio—busca a Koki. Necesito que encuentren un lugar para instalarnos.

—Sí, señor.

viernes, 12 de febrero de 2021

The Ocean At The End Of The World Capítulo 10

 

Capítulo 10

El cielo era obscuro, también lo era el océano, a lo lejos no se escuchaba ni siquiera el romper de las olas contra la embarcación. El mundo parecía haberse sumido en una calma total. Desde la proa, los tres hombres que gobernaban el barco, oteaban el horizonte, intranquilos. Cada miembro de la tripulación podía sentir el frío colándose bajo su piel, entumeciendo sus manos y electrizando sus nervios. Ueda sabía que sólo era lluvia, pero no pudo evitar sentir que había algo anómalo en ella.

La primera ráfaga de viento hizo crujir el barco, arrebatándole a sus hombres la oportunidad de reflexión. La tormenta cayó tan repentina que las órdenes dichas a voz de grito se perdieron el algún lugar entre la desesperación y el rasgar del cielo.

Cientos de hombres, de rostros que se perdían en la obscuridad, corrían de proa a popa asegurando los objetos más pesados, rizando las velas y, otros pocos, intentando ponerse a salvo, ya fuera bajo cubierta o aferrándose a lugares en los que se creyeran a salvo. Ueda les imitó. Se ató a sí mismo a un mástil como hubiera leído tiempo atrás en una novela y allí, creyéndose a salvo, esperó a que lo peor pasara. Antes de que la luz desapareciera por completo del cielo, alcanzó a ver cómo Koki y Jin intentaban asegurar la amura y cómo el capitán, con su figura altiva y encantada, tomaba el timón para hacerle frente a una gigantesca ola que se alzaba ante ellos.

Una fuerza aplastante cayó sobre él dos veces sin tregua, dejándole aturdido e incapaz de detener al hombre que cortaba sus ataduras y le arrastraba por el piso hasta el puente, obligándolo a colocarse contra la estrecha borda de proa y dejándolo incapaz de sujetarse a nada que no fuera el brazo de su captor.

Forcejeó un poco, queriendo apartarse de ese hombre, cuyas intenciones de arrastrarle hasta allí desconocía, y sólo desistió cuando un rayo golpeó el mástil al cual se había atado y lo partía justo a la altura donde su cabeza debía quedar.

—Gracias—gritó, soltándose del agarre del pirata.

Entonces una tercera ola cayó sobre ellos y se hubiera visto arrastrado a las profundidades del mar si aquel hombre no le hubiera tomado a tiempo, pegándolo a su cuerpo para protegerlo de los embistes que aún quedaban por venir.

—No siempre voy a estar para salvar tu culo, idiota.

No pudo contestarle, otra ola gigantesca arremetió contra el barco y lo cubrió en su totalidad, sumergiéndolo durante unos segundos que le parecieron interminables pues apenas había logrado tomar aire y sus pulmones empezaban a arder.

De este modo, las olas los abatieron sin cesar, hundiendo la galera un poco cada vez. Ahora debía alzar la cabeza y apoyarse un poco sobre sus codos para poder respirar sin ingerir agua salada. Sin embargo, el enorme cuerpo que le protegía, le dificultaba incluso esa simple tarea.

Cuando creyó que no podría aguantar más, la embarcación dio una fuerte sacudida que la liberó, en parte, de las olas que la hundían; el agua había comenzado a descender y una mano inusualmente amable guio a la suya hacia una armella situada cerca del palo mayor. Su posición apenas había cambiado y a pesar del estruendo fue capaz de escuchar la voz de Jin con claridad:

—Pase lo que pase, no te sueltes.

Con esfuerzo se sobrepuso a la repentina hipotermia que le invadió tras perder la protección que hasta entonces el cuerpo del pirata le había brindado.

Minutos más tarde las olas decrecieron, la parte más violenta de la tormenta ya había pasado y los piratas enseguida se pusieron a sus imposibles maniobras. Habían soltado un par de velas para intentar aprovechar el viento que aún era fuerte, pero que según el criterio del capitán ya no representaba ninguna amenaza.

Koki y Kame corrían de un lado a otro auxiliando a los heridos, en tanto que Taguchi-desde el puesto que parecía no haber abandonado jamás-sonreía visiblemente aliviado. Pero no había rastro de Jin.

Ueda tardó un par de minutos en desentumirse y abandonar su refugio, y con paso vacilante se dirigió hacia Taguchi, desmayándose a sus pies.

 

Despertó al día siguiente en una cálida y cómoda cama; se incorporó de golpe con el corazón palpitante, convencido de que había tenido una terrible pesadilla. Mientras salía de la cama, los moretones apenas visibles en los brazos y manos le contaron una historia diferente. Se vistió con cuidado, evitando los movimientos bruscos o innecesarios y salió a cubierta donde encontró el desastre que había estado temiendo.

Su aturdimiento era más que evidente para los piratas que le veían avanzar desorientado entre los escombros, como si estuviera al borde de otro colapso. Kame le alargó una mano, pero él la rechazó; sus ojos, que se habían vuelto un poco menos erráticos desde que abandonaran el puerto, parecían buscar algo lejano, algo que no pertenecía más a un ensueño.

—¿D-dónde e-está? —preguntó con voz temblorosa, deteniéndose frente a un grupo de piratas que le miraban con curiosidad—¿Dónde está? —repitió con voz firme, mas ningún pirata pudo contestarle.

—Si me dices qué buscas puedo ayudarte—ofreció Kame, quien había ignorado el gesto despectivo que el noble le había dedicado momentos atrás.

—Creí que había dejado en claro que no confío en ti—le dijo con dureza—.Además, no vales la pena.

Kame recogió su mano contra el pecho y se apartó. El resto de los piratas le imitaron y Ueda dirigió sus pasos directo al camarote principal, en donde encontró a Koki y a Taguchi.

Ambos habían salido indemnes de la tormenta y eso le causo cierto alivio, pero sus ojos seguían sin encontrar a Jin.

Apenas le vio, Taguchi corrió hacia él, justo a tiempo de atrapar su cuerpo inconsciente.

—Déjenos a solas, yo cuidaré de él.

sábado, 6 de febrero de 2021

The Ocean At The End of The World Capítulo 9

 

Capítulo 9

A casi dos semanas de sido capturado, Ueda comenzaba a creer que este viaje nunca acabaría. Estaba hato y, más que nada, exhausto. No importaba cuánto tiempo pasara, estaba seguro de que nunca llegaría a acostumbrarse a ese estilo de vida tan pesado, tan contrario a la vida desahogada de la que siempre había gozado.

Ahora que habían tocado puerto, estaba más que decidido a escapar, es por eso que la noche anterior, tras completar el inventario, redactó tres cartas en las que explicaba con el mayor detalle posible su situación y exigía su pronto rescate. Cada carta iba dirigida a diferentes personas de su total confianza con la esperanza de que sus captores no lograrán interceptarlas.

Afortunadamente su trabajo satisfizo al capitán, quien le felicitó y le encargó el reabastecimiento, urgiéndole a terminar lo antes posible pues planeaban abandonar el lugar esa misma noche, y para que esto fuera posible le asignó a un puñado de piratas, más o menos bien parecidos y musculosos para que le ayudarán, además de Jin para que le sirviera como guía.

Ueda se puso nervioso en cuanto el pirara apareció. No se sentía listo para encontrarse con él, pues lo que había pasado entre ellos aún era de una índole desconocida para ambos y temía que el ambiente se tornara extraño. No se equivocó. A pesar de mostrar su habitual actitud displicente, Jin evitó mirarle o siquiera hablarle mientras aún se encontraban en la embarcación.

 

Fueron directo al mercado, como era un puerto pequeño los establecimientos seguían siendo bastante rurales y, aunque Ueda ese lugar de nada le sonaba, rápidamente le tomó gusto pues todos sus habitantes parecían reconocer su estatus y le trataban con mucha ceremonia. Sin embargo, al hacer las compras, se mostró bastante inútil y cada vez que hacía un pedido, Jin le miraba como si fuera un imbécil y terminaba por cambiarlo. Hecho que realmente molestó al noble.

—Tienes una lista. Síguela—dijo Jin con fastidio.

—¡¿Cuál lista?!

—La que debie—se interrumpió y tras una breve pausa soltó una estruendosa carcajada—. ¡Nadie te la dio!

A la carcajada de Jin se le sumaron la del resto de los piratas que los acompañaban y Ueda, indignado, echó a andar a la primera licorería que encontró, dispuesto a demostrar su valía.

 

Nada más entrar, el dueño adoptó esa actitud servicial y zalamera que Ueda esperaba, así que, complacido tras la breve humillación a la que le habían sometido los piratas, se limitó a extenderle una lista de los vinos y licores que necesitaba. El hombre la tomó y con un montón de tontas reverencias desapareció en la trastienda. Al instante Jin apareció completamente solo.

—Sabes que nadie te halagará por comprar licores finos, ¿verdad?

—No son finos. Son baratos, pero de buen sabor. Mi servidumbre suele consumirlos.

—No sabía que tú padre podía permitirse esos gastos. Considerando las deudas que acarrea.

—Mi padre no... Olvídalo.

—Cómo quieras—empezó a pasearse por el lugar—. ¿Encargaste un tonel de amontillado?

—¿Por qué encargaría eso?

—Al capitán le encanta.

Mientras decía todo esto, el pirata parecía prestarle más atención a los licores que allí había que a él, incluso llegó a tomar una botella, abrirla, darle un trago y regresarla al estante del cual la había tomado con una mueca de asco. Ueda, por su parte, se sentía incómodo pues a pesar de intentar aparentar normalidad, seguían sin ser capaces de verse a la cara.

—Por cierto, encontré a Kame escabulléndose de tu camarote con esto—sin dejar de darle la espalda alzó las cartas que Ueda planeaba mandar esa misma tarde —. Supongo que deben ser importantes, tal vez son un grito de auxilio. No creo que Junno aprecie la traición.

Ueda no se movió ni dijo nada, esperaba con cautela el siguiente movimiento del pirata, quien se dio media vuelta para enfrentarle y luego romper con rápidos movimientos las cartas en diminutos pedazos.

—Estamos a mano.

—¿Por qué siento que no es así? —preguntó con voz trémula.

—Porque estoy por obligarte a escribir unas nuevas.

Por un momento Ueda pensó en escapar, incluso en pedir ayuda, pero anteriormente había sido testigo de cómo el aparente desinterés del pirata podía explotar para convertirse en una acción violenta, así que se rindió.

—¿Qué quieres que escriba?

La sonrisa de Jin apareció, era muy tenue, pero se le veía bastante complacido y entregándole tinta y papel le obligó a redactar tres cartas: dos para sus familiares informándoles que se encontraban bien y que se habían desviado de la ruta trazada debido al creciente interés que habían despertado por ciertas regiones, y la tercera carta iba dirigida a Shigeaki Kato, el hijo y único heredero del marqués. En ella, solicitaba una audiencia con él para tratar un asunto de capital importancia.

—¿Vas a traicionarlos? —preguntó perplejo.

—Fírmalas.

Su voz era dura y amenazante, así que Ueda se apresuró a firmarlas. Jin las guardó en el interior de su saco y se marchó, no sin antes darle una última advertencia: —. Si intentas escapar yo mismo te mato.

En ese momento apareció el tendero cargando una pesada caja que dejó sobre el mostrador.

—¿Se encuentra bien, señor? Luce pálido

—Sí—intentó recomponerse sin mucho éxito—. Necesito que lleven esto a mi embarcación.

—Claro, señor.

 

Cuando estuvo de vuelta en el barco y vio la bandera de su país ondear en la obscuridad, no pudo evitar sentirse enfermo, parecía que cada vez que daba algo por sentado esos piratas se encargaban de destrozarlo. Qué si Koki era bueno en realidad era malo, que si Jin tenía un lado humano en realidad era una trampa. Incluso Kamenashi le había robado. Ninguno de ellos era bueno ni remotamente humano, eran seres viles que vivían de lo ajeno y empezaba a creer que en cuanto cumplieran su objetivo-cualquiera que éste fuera-se desharían de él.

Dejó escapar un suspiro de pesadez, no había prácticamente nadie en el barco, salvo el capitán y unos cuantos piratas haciendo guardia, y había decidido irse a encerrar en su camarote, trabando la puerta para no recibir visitas inesperadas.  Se quitó el saco y abrió el forro dentro del cual había escondido las tres cartas, sorprendiéndose al encontrarlas ahí.

Jin era, ciertamente, astuto. El tipo de persona que piensa y decide conforme a su propia lógica, sin dejarse influir por los designios de los demás. Siempre era difícil adivinar su pensamiento, estaba seguro de que ni siquiera sus compañeros le entendían; empezaba a entender por qué todos en la tripulación se andaban con reservas cuando estaban cerca de él. Comprendió también que, ante la aparente traición que el pirata estaba cometiendo, el panorama de posibilidades se abría ante él más intrincado que nunca. A partir de ese momento debía andar con la cautela que hasta entonces no había tenido.

viernes, 5 de febrero de 2021

LOVE sub. español


Letra: Axel-G

Letra de Rap: JOKER

Música: Erik Lidbom

Arreglo: Erik Lidbom, Yukihide "YT" Takiyama