miércoles, 26 de enero de 2022

The Ocean At The EndOf The World Capìtulo 22

Despertó ya pasada la hora del desayuno. Taguchi dormitaba tranquilamente a su lado, abrazándole por la espalda. Al verlo se llevó la mano a los labios. El beso del capitán había sido desapasionado, incluso frío, la única señal de que en realidad le había deseado fue el brillo codicioso de esos ojos con los que estremeció su mundo. Un escalofrío recorrió su espalda y sacudiendo la cabeza en un intento de alejar aquella sensación, se deshizo del abrazo del capitán para reincorporarse y así poder despertarlo.


La mirada risueña con la que le miró y la sonrisa con la que le dió los buenos días le contaron una historia diferente.


Le devolvió el saludo con torpeza, inseguro de qué podría esperar ahora. No sabía si el capitán se lo tomaría como lo que era, un encuentro de una sola noche o si por el contrario, se lo tomaría más en serio.


Al verlo dudar, el capitán se reincorporó y alargó una mano para levantar la barbilla del noble, empujando su cabello hacía atrás, acariciando su rostro en un gesto descaradamente sensual que lo descolocó. La sonrisa de Taguchi se ensanchó, como si encontrara esa reacción terriblemente divertida.


—¿Pasa algo?—preguntó Ueda, tratando de disimular su turbación.

—Tú.


Ueda frunció el ceño. Taguchi rió con liviandad.


—A lo que me refiero es a que, cuando te conocí, pensé que no eras más que un error; un tonto y caprichoso noble sin una pizca de virtud, pero entre más tiempo paso contigo más me doy cuenta de lo errado que estaba. Eres inteligente, trabajador, leal y, bueno, lo que quiero decir es que te admiro y que quiero que permanezcas a mi lado aún después de que todo esto acabe.


Ueda le miró estupefacto. Nunca hubiera imaginado la seriedad de los sentimientos que vertería en aquella declaración. Parecía sincero y se encontró a sí mismo pensando en que de haberse conocido en otras circunstancias, no dudaría un segundo en aceptar su propuesta. Desgraciadamente, a quien tenía frente a él era a una persona en la que estaba seguro que no podía confiar, pero también se dijo a sí mismo que de cualquier forma no tenía más opción que aceptar si eso le garantizaba salir vivo de aquella peligrosa empresa.


Asintió con un ligero movimiento de cabeza y con firmeza aferró la mano sobre la suya para que no quedara lugar a dudas de su convicción.



La noticia voló y Koki no tardó nada en organizar la celebración, ignorando las negativas que tanto Ueda como Taguchi proferían, usando como excusa que parecían navegar en un eterno cortejo fúnebre en lugar de en una divertida aventura pirata.


Fueron pocos los piratas que encontraron enojosa la nueva situación, la mayoría se mostraron contentos de por fin ganar la apuesta contra aquellos que pensaban que Ueda terminaría eligiendo a Jin.


Ueda se ruborizó antes sus muestras de desfachatez, dando rienda suelta a las burlas.


Aquel jolgorio sacó a Jin de donde sea que hubiera estado escondido y se acercó a ellos molesto.


—¿Por qué tanto escándalo?—gruñó.

—¿Qué? ¿Vives en una cueva?—se colgó Koki de su cuello, exhibiendo una sonrisa de oreja a oreja que hizo que Jin le mirara receloso—. Ueda y Junno estuvieron follando hasta el cansancio.


Taguchi le prodigó una falsa sonrisa de afectada vergüenza, en tanto que Ueda enrojeció hasta la raíz.


Un silencio surgió entonces. Jin les miraba con sus enormes ojos obscuros, su cara era pura conmoción, les miraba a él y a Taguchi como si tuviera frente a él algo fundamentalmente erróneo, una persona con la cara al revés, un océano sin sal; pero pronto su rostro se tornó en algo más obscuro.


Empujó a Koki con brusquedad y salvó la distancia que los separaba en un parpadeo, arrebató a Ueda del lado de Taguchi con violencia, arrastrándolo bajo cubierta hasta la bodega, donde lo azotó contra la pared. Su rostro era una confusa marea de emociones.


Ueda podía sentir contra su boca como fuego su respiración, una mezcla de licor y la abrasadora emoción que se agitaba en su pecho. Parecía estar a punto de decir algo, pero se arrepintió y en cambio azotó una mano contra la pared, justo al costado de su cabeza.


—Mierda, mierda, mierda—maldijo. Se veía extrañamente derrotado.


Ueda recordó todo lo que le había dicho la víspera y se encontró incapaz de reparar el daño.


—Jin, yo…

—Lárgate—le cortó con voz trémula, pero al no moverse el noble, rugió:—. ¡Qué te largues!


Fue la señal para salir corriendo a esconderse a las cocinas.



Pensó que Taguchi sería quien iría a buscarlo, pero para cuando agotó todo el consuelo que el pequeño Kame pudiera brindarle y el mismo le hubiera dejado para unirse a la celebración, Koki apareció llevando consigo una botella de licor y los ánimos extrañamente bajos.


—No te vendría mal un trago—lo saludó.

—A ti tampoco.


Se dejó caer junto a él en el piso 


—Todo se volvió un caos allá afuera, ¿eh?. No sabía que tu culo valía tanto.

—Vale un reino—le contestó de mala gana, quitándole la botella para darle un trago.

—No te preocupes—le dió un empujoncito con el hombro—. Jin no hará nada. Tiene esa pinta, pero no es más que un cobarde. Aunque debo admitirlo, meterte entre esos dos fue ¡guau! ¡Tú sí que estás loco!.

—No parecen llevarse muy bien.

—Han pasado por muchas cosas—dijo con gravedad—. Él está mal, ¿sabes?—agregó adivinando su pensamiento—. Algo lo cambió. Era alguien centrado, confiable y ahora él sólo—hizo una pausa intentando encontrar las palabras adecuadas—flota alrededor.


Ueda asintió, entendía más o menos a lo que se refería. En las últimas semanas Jin no había estado actuando como sí mismo, parecía otro muy distinto al que conoció cuando fue capturado y eso, por alguna razón, no le gustaba del todo.


—¿Qué está pasando realmente?

—Si me lo preguntas así, no es tan complicado—volvió a su tono ligero—. Todo esto de ir tras los Shigeaki es porque hace dos años el marqués mató a nuestro capitán. Juramos vengarlo—rió—. No te rompas el coco en realidad la cosa es bastante simple.

—Entonces todo es un tonto viaje de venganza.

—Para nosotros no es tonto. Para bien o para mal, estamos juntos en esto.

—Sí. Estamos juntos en esto.


Dieron otro trago a la botella.


—¿Qué tiene que ver Jin con todo esto?. Pareces odiarlo en serio.

—Él estuvo presente ese día—su voz volvió a tornarse seria—. Tú has visto lo bueno que es, la facilidad que tiene para matar, y ¿aún así no pudo salvarlo?

—¿Crees que dejó que los Shigeaki lo matarán?

—Creo que lo mató él mismo y que los Shigeaki lo cubrieron.


Ueda sopesó está información por un momento antes de continuar.


—Pero nadie a bordo parece confiar en él y por lo que dicen las leyendas, el antiguo capitán debía ser más inteligente que Taguchi y mucho más despiadado. ¿Cómo es que consiguieron engañarlo?

—Porque Jin era su hijo.


Escuchó con ojos atónitos la tremebunda confesión de aquel acto salvaje.


—¿Crees que estamos en peligro?—preguntó con voz ahogada.

—No lo sé—suspiró Koki derrotado—. Ni siquiera sé por qué hizo lo que hizo.


Koki le contó que después del funeral de su padre, Jin fue elegido capitán, pero ni bien fue nombrado declinó el cargo en favor de Taguchi. De allí en adelante las cosas se fueron a pique y la relación que tenían los tres se dañó.


Viendo la situación actual, Ueda no pudo evitar preguntarse ¿quién, además de él mismo, corría con tiempo prestado?



Regresaron a cubierta tras terminarse esa botella y otra más que el noble tenía escondida entres los trastes sucios. La poca hostilidad inicial y la incomodidad que Jin hubiera generado más temprano habían desaparecido ya, ahogadas en el alcohol y los juegos.


Ueda buscó con la mirada a Taguchi, que estaba platicando con el oficial de derrota cerca de la borda, en la mano sostenía una copa de la cual bebía muy de vez en cuando a diferencia de su interlocutor. Al notar la mirada del noble sobre él, le regaló una sonrisa.


Bajo la luz lunar, su sonrisa y sus finos modales adquirían un encanto hipnotizante.


Pensó en acercarsele, pero su atención fue robada por la animada risa de Koki, quien observaba a un grupo de piratas que bailaban no muy lejos de ahí. Salvajes y cautivadores.


Iban descalzos, vestidos con apenas nada. Los brazaletes chocando rítmicamente entre sí, añadiendo un toque feral a la canción que el grupo de músicos tocaba con destreza sobre el tambaleante mar. 


Giraban seductoramente, como ramos de coronas de Cristo floreciendo en la noche.


Cuando se giraron hacia Ueda, lo miraron juguetonamente con sus ojos, invitándolo a unirse.


—¿Qué te detiene?—preguntó una voz a su oído.


Ueda saltó en su sitio y volvió parcialmente el rostro hacia Taguchi.


—No es lo mío.


El capitán le miró de pies a cabeza 


—Apuesto a que eres muy bueno.


Ueda tragó grueso. Taguchi alzó la copa que sostenía en la mano y se la ofreció.


—Es un buen desinhibidor.


Usó esa actitud de broma, sólo mostrando una sonrisa e inclinando levemente la cabeza. Antes, esa acción le hubiera parecido entrañable y hasta traviesa, pero ahora, esas palabras no hicieron más que inquietarle.


La oferta del capitán no desapareció y Ueda se encontró aceptándola a pesar de la sombra que se había manifestado en su corazón.


jueves, 20 de enero de 2022

Red Moon Capítulo 8

 Todavía no salía el sol, realizó una pequeña rutina de ejercicio en casa, se duchó, se rasuró casi todo el cuerpo y preparó un sencillo desayuno compuesto de té, arroz al vapor y pescado frito, escuchó a Jin levantarse así que se apresuró a colocar un mantel y el desayuno a la mesa con una rosa artificial, de algún viejo regalo de alguna fan, al centro. Al chico se le notaba la pereza hasta en la forma de caminar, se tallaba los ojos con lentitud mientras lanzaba un prolongado y ruidoso bostezo, Ueda se le acercó y tomándolo del brazo lo encaminó hacia la mesa, se sentaron y dió las gracias, pero al terminar la plegaria y abrir los ojos se encontró con que Jin ya se había comido medio filete y casi todo su arroz, además de que ya se hallaba nuevamente dormido con la cara hundida en el interior de su codo; Ueda no pudo evitar conmoverse de ternura, le besó la nuca y lo cargó entre sus brazos para llevarlo a la cama, dónde le volvió a besar, sólo que esta vez en la cálida mejilla y salió de puntillas del lugar pues tenía cita en la estación de policía.


La estación era pequeña y gris, tétrica a su parecer, no tardaron en atenderle, un policía lo acompañó a la sala de interrogatorios y le dejó ahí solo, esperó unos 15 minutos aproximadamente a que llegara el detective. Le extrañaba que fuese un detective pues al tratarse quizás de un simple robo, siendo él amigo de Jin, no tendría por qué ser tan sospechoso como para que sea un detective quien lo interrogue y no un policía común. El señor detective le ofreció una taza de café caliente, barato evidentemente para Ueda, por lo que sólo tomó un par de sorbos por mera cortesía; el interrogatorio inició con las misma preguntas que le habían hecho en casa de Jin, sobre dónde estuvo la noche del atraco, si alguien podía corroborar su anécdota, cuál era su relación con la víctima, si tenía problemas con la víctima, cuándo había sido su última interacción con la víctima antes del atraco, etc. Odiaba que lo llamarán "víctima", ¿de qué?, fue la casa la que sufrió daños, no Jin. No pudo disimular su molestia, pidió permiso para salir, tomarse un respiro, pero el detective se lo negó y continuó el interrogatorio pero esta vez con preguntas más específicas, como qué ropa usaba aquella noche, con quién y dónde se encontraba a tal hora específicamente, si había consumido algún medicamento o droga, si padecía alguna enfermedad física o mental… Ueda respondía casi sin problemas, era como jugar un juego de roll, sin embargo una de las preguntas le dejó en jaque: "¿Dónde está tu teléfono celular?". Titubeó un momento.


—Lo perdí.

—¿Dónde?

—No lo sé, se me perdió, si lo supiera no lo habría perdido, ¿no?— se puso a la defensiva—. Sabe qué, ahora tengo prisa,— estaba nervioso— ya se me hizo tarde para el trabajo, tengo muchísimas cosas que hacer.— Revisó su reloj de pulsera— y llevo aquí más de una hora, lo siento. Luego hablamos.


Se levantó y salió a toda prisa del edificio, nadie lo detuvo.


Lo había estropeado por completo, si ya sospechaban de él ahora lo verían como el mejor candidato a culpable. Sí, recordaba haber estado allí en busca de Jin y qué perdió el teléfono ése mismo día, pero realmente se sentía muy mal, de ahí en fuera nada más, pero en caso de que su teléfono fuese encontrado en la escena del crimen sería más que suficiente para que la policía se enganchsra de eso y la investigación tornars en dirección, equívoca, hacia él. La policía exageraba las cosas, "Seguro que fue un fanático enloquecido o algún ladronzuelo", pensó, "O tal vez se trataba de una mala broma hecha por los tontos amigos de Jin, o incluso pudo haber sido un paparazzi en busca de algo que le diera una historia que inventar", sea cual fuere el caso, sentía que estaban exagerando las cosas al tratarse de un idol de la talla que es Jin. Inhaló aire profundo y exhaló de golpe, tenía que tranquilizarse, le estaba dando demasiada importancia al asunto, si se ponía paranoico claro que los demás se exaltarian también y el problema se agrandaria más de lo necesario; fumó media cajetilla de cigarros, tragó un puñado de aspirinas, encendió el auto y se dirigió a la compañía, seguramente el resto del grupo ya estaría allí.


Fue recibido en la entrada por Tanaka que parecía haberle estado esperando,  estaba muy entusiasmado pues ya era el día en que comenzarían a montar las coreografías para la nueva gira de conciertos. En la sala de ensayos los demás chicos apenas se encontraban acomodando el lugar para trabajar, a excepción de Jin que se les había adelantado para dar un ligero repaso a las coreografías de los temas principales.


—Qué bueno que llegan, ayúdennos a mover los sillones —dijo Taguchi.

—Sí —corrió Tanaka.

—Ueda, ven —le habló Nakamaru en un tono serio dirigiéndose al otro extremo de la sala y, cuando se le  acercó, éste le rocio encima casi media lata de aromatizante ambiental.

—¡¿Qué diablos te pasa?!

—Mucho mejor— dió media vuelta y se fue hacia donde estaba Kamenashi.

—Argh, zoquete— mascullo.

¡Team back!— anunció Kamenashi y los seis formaron un círculo.


Ueda no podía escuchar nada de lo que el menor decía, era escucharlo o mirar a Jin, obviamente prefería lo segundo y toda su atención se concentró en el chico sudoroso y despeinado que tenía ante sí; se veía hermosísimamente antojable, sublime, con el pecho levemente agitado y brillante, la playera húmeda resaltaba los contornos de aquél cuerpo ancho y firme… una mano le tapó la vista y le tocó la frente.


—Ueda, ¿estás bien?— era Kame.— Estás caliente.

—Ah, sí. Trabajémos— apartó su mano.

—Pues manos a la obra— dijo alegre Taguchi y el círculo se separó.


Se dividieron en dos grupos de tres: Kamenashi, Taguchi y Ueda, por un lado y por el otro Akanishi, Tanaka y Nakamaru.


—¿Seguro que estás bien?— volvió a preguntarle Kame.

—Sí, lo estoy.

—La verdad es que sí te sientes bastante calientito— Taguchi le tocó la frente con preocupación prestando más atención a la cara fatigada de Ueda que en otra cosa. —Por lo menos deberías ir a la enfermería.

—No, yo sólo… trabajemos, ¿quieren? Estoy bien.

Ok, pero cualquier cosa nos avisas.

—Sí.


Las primeras dos horas transcurrieron con bastante ajetreo entre la creación de alguna coreografía original para los intermedios, cómo luciría en el escenario, las miradas de preocupación de sus compañeros, si habría agua o fuego en el escenario, las reiteradas preguntas respecto a su temperatura, la iluminación… Cuando por fin llegó el momento de un  descanso Taguchi sugirió que salieran todos juntos a comer, a lo que Jin se negó puesto que quería quedarse a practicar un poco más su baile individual, así que Ueda tampoco quiso salir, lo cual desanimó a Taguchi y para solucionarlo Kame propuso que lo mejor sería conseguir pizza o algo por el estilo y comieran juntos allí mismo, así no le perderían el hilo al trabajo, todos estuvieron de acuerdo y por medio de un piedra, papel o tijeras decidieron que Taguchi y Tanaka debían ir por la comida. Reacomodaron los sillones en un rincón para que cuando regresarán todo estuviera listo y dispuesto. Nakamaru se puso a leer un libro, Kame a jugar con su celular, Akanishi continuó bailando y Ueda por su parte acomodó el sillón más amplio para observar cómodamente y de frente al chico que se movía al compás de la música.


En verdad disfrutaba el show, tanto que se olvidó del resto ahí presentes, se sentía como hipnotizado por aquella danza que cada vez se tornaba más sensual, probablemente Jin estaba probando nuevos pasos, se le veía muy concentrado y a momentos se detenía para volver a repetir algunos pasos ejecutandolos con mayor gracia. Ueda estaba más y más enajenado por aquél hombre, cual predador al acecho de una criatura albar, era casi como si pudiese sentir su respiración, el palpitar de sus venas, cada sonido que Jin emitía resonaba perfectamente en sus oídos sin distorsión, podía olerlo también, saborearlo quizás, y trás cada movimiento de sus miembros percibía una especie de trazos de colores nunca vistos que oscilaban como pinceladas en el aire un segundo antes de desaparecer dando lugar a más de éstos; era increíble la magia que el chico producía al bailar y toda esa energía sutilmente salvaje le llegó a Ueda en forma de corriente eléctrica recorriendo todos y cada uno de los nervios en cuerpo, erizandole la piel, crispando sus músculos al ver el esplendoroso movimiento de cadera en un vaivén de sensualidad seductora capaz de enloquecer a cualquiera.


—¿Te encuentras bien?— le pareció escuchar un eco.—Ueda, estás caliente— más eco. Le dolía la quijada y las entrañas le mordían exigentes desde dentro, sin embargo decidió ignorar todo al ver qué las rodillas de Jin se doblaban hasta el suelo en un clásico baile que mostrara algunos años atrás durante el debut. —¡No estás caliente, estás hirviendo!— unas manos le rodeaban la cabeza y le tentaban hasta el pecho, pero la vista era magnífica, no quería perderse ni un sólo segundo pues venía la mejor parte. —Llama a la enfermería o a un hospital. La música cesó y con ella el baile también.


—¿Ueda, qué tienes?

—Por favor responde.


Por las comisuras de los labios comenzó a escurrir una mezcla de sangre y saliva, la mandíbula estaba tan apretada que parecía habersele trabado, se sentía tan excitado que el cerebro no le daba para responder. Le sujetaron por las extremidades y lo recostaron a lo largo del sillón, aparecieron dos personas vestidas de azul cielo y le revisaron los signos vitales, de pronto se encontraba rodeado de gente, entró un visitante más que apartó al resto, vestía una bata blanca y un estetoscopio le colgaba del cuello, lo traspasaron a una camilla y fue llevado a una ambulancia.