lunes, 26 de abril de 2021

The Ocean At the End Of The World Capítulo 15

 

Por fin soñó con la obscuridad, con una ausencia profunda y asfixiante de luz, con la presión del agua aplastando su mente. Si algo hacía ruido, no lo oía; las olas anulaban cualquier otro sonido, eran el elemento perdurable que subía y bajaba, violento e incesante. Ahora disponía de todo el tiempo del mundo para pensar.

Una voz se coló entre las tinieblas, una melodía reconfortante, apenas audible pero clara que lo obligó a abrir los ojos.

Una sirena.

De pronto tuvo una visión, la imagen de una mujer en el fondo del océano; lánguida, enredada en algas; el cabello negro, un abanico marino ondeando en la corriente.

Mamá. 

Quiso quedarse ahí, recostarse con ella en el lecho marino, sentir el calor que emanaba a pesar de estar muerta; ser envuelto en su luz. Pero la voz iba y venía, y con ella, la visión de Jin, hasta que sólo quedó obscuridad.

Mientras seguía bajando hacia las profundidades de aquellas aguas negras, otra voz se abrió pasó entre las tinieblas, resonando frenética.

¡Lucha!

Le urgía a moverse y él lo intentó, pero no sentía ningún tirón hacia abajo, tampoco que su cuerpo se hundiera en ninguna dirección. Únicamente experimentaba el embate de la corriente que lo llevaba de un lado a otro, golpeando directamente sobre su espalda. El apacible mar se había vuelto violento y amenazaba con ahogarlo.

Apretó los labios con fuerza, luchó por guardar el aliento, por usar esa última reserva de aire para llegar a la superficie, pero las aguas se volvieron gélidas y entumecieron su cuerpo. Ya no notaba  los embates de la corriente, se sentía más bien presa del vértigo mientras daba vueltas, indefenso dentro del mar.

¿Qué sentido tiene?

¡Lucha! ¡Maldita sea, lucha!

¿Para qué?

Ya no quería seguir peleando. Y no eran ni el mareo, ni el frío, ni el fallo de su cuerpo lo que le hacían resignarse. No. Se sentía casi feliz de que todo estuviera a punto de acabar. Por años, noche tras noche, había nadado con todas sus fuerzas para no ahogarse y ahora sabía que era una muerte apacible. Mucho mejor que morir en  el campo de batalla o en la horca. 

Jin.

Entonces pudo ver un hermoso rostro, casi angelical. El matiz exacto de su piel ligeramente bronceada, la forma irresistible de sus gruesos labios pronunciando su nombre por vez primera, la línea de su mentón, el brillo ofendido en sus castaños ojos y el orgullo de su postura.

Su voz sonaba más clara que nunca, a pesar de que el agua ya había acabado con él.

Y en ese preciso momento salió a la superficie.

Estaba desorientado. El frío suelo de madera se estrellaba contra su espalda y una fuerza lo empujaba rítmicamente contra él, haciendo que el aire entrara a raudales, quemando sus pulmones.

—¡Respira, maldita sea!

La angustiada voz del médico se sobrepuso.

—¡Vamos, Jin, vamos!

Otro golpe en la espalda, el olor metálico y nauseabundo de la sangre fresca al derramarse.

—Creo que no respira.

Una voz distinta, tensa y murmurante.

Se levantó de un solo movimiento, aferrando las manos al cuello del grumete y ejerciendo presión; un movimiento que desató una ola de dolor que se expandió por todo su cuerpo. Puntos negros empezaron a salpicar su visión y cayó de nueva cuenta al suelo sin fuerzas.

¿Acaso se estaba muriendo de nuevo? El batir de las olas se desvanecía en la negrura y terminó por convertirse en un sonido monótono que parecía nacer de sus oídos.

—¿Se murió? —preguntó el noble, sacando a Kame del alcance de Jin.

—No te preocupes, sobrevivirá—dijo el médico, un poco más alegre de lo que pretendía mostrar.

Ueda miró a Jin, no sé veía nada bien, pero debía confiar en el juicio del médico que le había salvado la vida contra todo pronóstico.

—Déjame revisarte.

El médico urgió al pequeño a levantarse, a pesar de que Jin apenas lo había  ahorcado por un par de segundos, había dejado marcas rojas en su cuello.

—Estoy bien—dijo con voz ahogada, restándole importancia.

—No te castigues, deja que te revisen.

Kame obedeció a regañadientes.

 

De vuelta en el camarote, Ueda invitó a Kame a pasar la noche con él. El día había pasado en una vorágine de emociones demasiado fuertes y ambos necesitaban descansar en compañía.

viernes, 9 de abril de 2021

The Ocean At The end Of The World Capítulo 14 parte 2

 

Taguchi entró al camarote. Ueda le esperaba sentado con los puños crispados sobre los muslos, su postura era rígida y su rostro se mostraba sombrío.

—Lo escuché gritar.

Taguchi se quitó el sombrero y lo colgó en el perchero cercano a la entrada. Afuera, la última luz se marchaba, las nubes transportaban un rojo tenue y las sombras de los mástiles cruzaban la cubierta, extendiéndose hasta el mar. La sombra misma del capitán se extendía dentro de la cabina, atrapando a Ueda en su centro.

—Las cosas que más nos duelen, muchas veces son las correctas. Él cometió una falta que, me temo, no había otra forma de pagar.

—¿Cuál fue su falta? —preguntó con voz trémula, consciente de que si la felonía había sido descubierta él estaba en peligro también.

El silencio del capitán fue violento, no así la mano que cayó cariñosa sobre su cabeza.

—Mañana podemos hablarlo, por ahora tienes que descansar.

Terminó de desvestirse y se metió en la cama.

—¿No había otra forma, cierto?

—No, no la había.

Su rostro cincelado se mostraba más humano, menos sombrío, y Ueda supo que decía la verdad.

No agregó más, abandonó la cabina con paso vacilante. Él decía la verdad, lo sabía, y aun así su pecho se hundió en la incertidumbre.

 

Sin darse cuenta, sus pasos lo llevaron hasta la enfermería, ésta estaba cerrada y ni un solo ruido escapaba de ella. Tomó el pestillo e intentó abrirla, descubriendo que había sido cerrada bajo llave. Regresar y  pedírsela, ya fuera a Koki o a Taguchi, era una idea por demás descabellada; cualquier cosa podría delatarlo como partícipe-aunque fuera involuntario-de la felonía de Jin.

Llevó la mano a su crucifijo, en la cadena, tras de él, se encontraba la llave que Jin le había dado la noche antes de que tocaran puerto. La zafó y probó a meterla en la cerradura, la cual cedió con suavidad, entonces dudó un momento en sí debía entrar o no, había visto las salpicaduras de sangre que manchaban las ropas del capitán; si abría y se encontraba con los cuerpos sin vida de Jin y el médico, tendría pesadillas de por vida y toda esperanza de salvación se reduciría a la nada.

Abrió con cuidado, tratando de no llamar la atención de nadie.

—Si vienes a causar más daño, lo mejor será que acabes con nosotros de una buena vez.

Era la voz del médico, cansada pero retadora, dispuesto a enfrentar a Taguchi a pesar del miedo que traslucía.

Estaba sentado de rodillas, rezando con la pálida mano de Jin entre las suyas. Ueda quiso reconfortarlo, pero no había en el mundo palabras capaces de hacerlo. En cambio, entró de lleno en el compartimiento.

—¿Sobrevivirá?

Su voz no debió ser grata a los oídos del médico, pudo ver con claridad cómo su postura se tensaba.

—Aún es incierto.

—Yo tenía un pie en la tumba y me trajiste de vuelta—dijo con dureza, tratando de contener la rabia que lo invadía.

—¡En casa tenían todo lo que necesitaba!

Se puso en pie con brusquedad y se volvió a él con los brazos extendidos en un gesto que pretendía abarcar todo el lugar.

—¡Aquí…! Aquí no tengo nada.

Dejó caer los brazos laxos a los costados, tenía los ojos acuosos y la impotencia grabada en cada centímetro de su rostro.

—¿Qué necesitas para salvarlo?

El médico rio, era una risa sarcástica, como si le hubieran contado un muy buen chiste.

—¿Con qué punto? Tú y él…—su voz se quebró—. Lo que menos les interesa es este chico.

—¡No es así! —replicó—. Él me salvó la vida, más de una vez. Así que si puedo hacer algo por él, lo que sea, lo haré sin dudarlo.

 

El médico le miró con extrañeza, después con reconocimiento y aunque se mostraba reacio a confiar en él dijo: —. ¿Qué hay de ti? La enfermedad no ha remitido aún y tienes que descansar.

Ueda negó con firmeza.

 

Tal vez fuera por su terquedad, tal vez porque no parecía haber otra opción, pero el médico terminó por darle una lista de las cosas que creía podría haber en la embarcación y que de seguro harían una diferencia en las posibilidades que Jin tenía para sobrevivir.

La sola conversación con Nishikido le drenó todas las energías y aun así, apoyándose en las paredes, atravesó el laberinto de pasadizos que Kame le hubiera enseñado tiempo atrás.

Una vez que llegó a la bodega, probó a introducir la pequeña llave en la cerradura; esta cedió con la misma facilidad con que lo había hecho la cerradura de la enfermería. Jin le había dado la llave maestra del Queen of Pirates. No entendía por qué, tal vez por si alguna vez llegara a necesitarla, tal vez había previsto que algo así sucedería. De lo que sí estaba seguro era que Taguchi no estaba al tanto de aquello.

Rápidamente junto la mayoría de los ingredientes de la lista, luego abandonó la bodega y tomó rumbo a la cocina. Esperaba no encontrarse con nadie, pero a unos pocos metros de llegar, casi chocó de lleno con Koki, quien lo tomó por los hombros para evitar que cayera.

—Andas muy lejos de tus aguas, ¿no crees?

—Busco a Kame.

Koki le miró perspicaz. Ueda no pudo evitar que un escalofrío le recorriera el cuerpo. Si bien, el pirata del parche sólo estaba cumpliendo con su deber, la animadversión que su dualidad le provocaba salió a flote sin poder ser contenida.

—Ya debe estar dormido y tú necesitas descansar.

Le dio media vuelta y sin soltar sus hombros comenzó a guiarlo de vuelta a su camarote; el agarre era amistoso como de costumbre, pero el noble no pudo evitar notar que el aura que desprendía su cuerpo en general era hostil.

—Koki—dijo soltándose de su agarre y volviéndose a él, tomándolo por los antebrazos para evitar que insistiera—. En serio necesito verlo, yo… Yo necesito disculparme.

A pesar de las tinieblas, pudo distinguir cómo el rostro de Koki se animaba un momento para apagarse después. Una reacción completamente inesperada que extrañó a Ueda.

—No seas duro con él. Es sólo un chico y…de verdad te aprecia.

Ueda se quedó sin palabras, por lo que se limitó a asentir con la cabeza.

—Procura descansar—se despidió Koki.

—También tú.

 

Kame estaba encogido en un rincón de la cocina, los ojos hinchados y la vista perdida en algún rincón del obscuro mar. Al escuchar a Ueda, se puso en pie de un salto, empuñando un pequeño cuchillo para fruta.

—Sé que lo detestas, pero eso fue demasiado, ¿no lo crees? —se le acercó con rudeza, Kame apretó la empuñadura—. ¡¿Qué?! ¡¿Aceptas tu parte de la culpa?!

—Yo no sabía que el capitán haría eso—dijo con voz trémula—. Estaba enojado, pero no creí que haría eso.

El llanto que brotó de sus labios detuvo la rabia de Ueda. El noble había entrado ahí dispuesto a enfrentar a un cruel pirata, pero se encontró con un niño desvalido a quien el peso de sus acciones lo estaba sobrepasando.

—¡Yo no sabía!

—Nadie pudo saberlo.

Su voz fue suave. Se acercó a él, le quitó el cuchillo y lo atrajo hacia sí en un abrazo consolador.

—No es tu culpa, Kame. No lo es.

Kame se aferró a él y dejó que su llanto corriera libre. Ueda también dejó escapar un par de lágrimas.

—Aún puedes arreglarlo.

—¿Cómo? —preguntó separándose de él. — ¿Está vivo?

—Apenas. Ayúdame a salvarlo, sólo tú puedes hacerlo.

Ueda le entregó la lista y los ingredientes que había conseguido.

—Llévaselos al médico y sálvalo.

Se dejó caer extenuado al piso, Kame se agachó en su auxilio, pero el noble lo apartó con un gesto similar al que usara después de la tormenta, pero carente de desprecio.

—Sálvalo.

Kame dudó un momento antes de tomar los ingredientes restantes e ir al encuentro de Nishikido.

What We Talkin' Bout NCT 127 sub. español