lunes, 26 de julio de 2021

Red Moon Capítulo 3

Todo era obscuridad a su alrededor, un suave vacío que poco a poco fue transformándose en penumbra conforme avanzaba. El eco de una armoniosa voz resonaba en la distancia, apretó el paso, buscó con la mirada para averiguar de dónde provenía aquel canto, guiándose más por el oído que por la vista, conforme se acercaba notó una silueta de luz blanca y roja que se mecía al ritmo de la melodía e inmediatamente supo de quién se trataba, se acercó un poco más para confirmar que efectivamente se trataba de Jin Akanishi. Intentó acercarse más pero no pudo, era como si un muro invisible se lo impidiera, lo intentó un par de veces más sin éxito, así que se detuvo a mirarle detenidamente: Jin parecía ignorar su presencia, su rostro estaba un poco más pálido de lo normal y parecía estar ausente, no sólo distraído como de costumbre. Intentó llamar su atención con un grito que salió mudo de su boca, de repente Jin se dió media vuelta y echó a andar alejándose lentamente, con cada paso que daba sin cesar en su canturreo leve, una extraña desesperación se apoderó de Ueda e intentó alcanzarlo de nueva cuenta, esta vez con mayor ímpetu, chocando contra el invisible muro hasta que sintió el suelo desvanecerse bajo sus pies cayendo de golpe contra el alfombrado suelo de la habitación. "Sabía que era un sueño", pensó.


—¿Estás bien?—preguntó Jin sin hacer amago de ayudarle.

—¿Qué estabas cantando?—preguntó desde abajo.

—Nada.

—No la conozco, ¿es tu nuevo solo?

—Más bien es algo personal—dijo con un dejo de fastidio en la voz.—¿Estás bien?

—Sí—respondió poniéndose en pie.

—Bien. Hasta que despiertas, hiciste que el ridículo de Taguchi se pusiera a rezar así que lo tuve que correr de aquí.

—¿Que hiciste qué?

—Nada, sólo bromeo—Se levantó de su asiento para acostarse en la cama estirándose con pereza.—¿Tienes hambre?

—Ehmm, en realidad no. Quisiera salir a correr.

—¿Qué dices?¿Correr? No creo que estés en condiciones para eso.

—¿Por qué no? Me siento bien, además hace tiempo que no lo hago.

—Será porque la última vez que lo hiciste quedaste hospitalizado?—dijo con sarcasmo.


Ueda apretó los labios en una muñeca de enfado, odiaba que Jin, de alguna manera, siempre tuviera la razón, pero más odiaba que fuera consciente de ello.


—Está bien, comeré algo antes de salir-—dijo resignado.

—¡Genial! Te traeré algo de comer, espérame, no tardo—Se levantó de un salto y salió de la habitación.


En lo que esperaba a Jin, se cambió la bata por un atuendo deportivo y tendió la cama como pudo; a decir verdad no se sentía del todo bien, pero tampoco se sentía fatal, asumía que el entumecido cuerpo era debido a su inactividad y la pesadez de su cerebro también, sin embargo, ya no sentía aquel terrible aturdimiento de la noche anterior, en cambio se sentía más ligero y hasta más fuerte. Se dirigió al baño para observarse mejor en el espejo y notó que su vista había mejorado, "Como el Hombre Araña", pensó divertido, y efectivamente así era, justo como en las películas de súper héroes su cuerpo había cambiado: sus músculos, de por sí fuertes, se habían ensanchado luciendo un cuerpo completamente tonificado como si en ningún momento hubiese dejado su entrenamiento de boxeo o inclusive como si entrenara como un profesional de nivel mundial. Examinaba su cuerpo con admiración y, emoción, acariciaba sus fibrosos brazos, sin embargo al levantar la vista encontró que su rostro tenía un horrible aspecto de fatiga, los ojos enrojecidos y con profundas ojeras, el cabello alborotadísimo, con largos mechones desiguales que se  le deslizaban hasta la cara, cuya inminente barba le sorprendió sobremanera, "¡Pero si soy lampiño! Se supone que soy lampiño", le gritó al hombre en el espejo. En ese momento escuchó los pasos de Jin en el pasillo y pudo oler la comida desde donde estaba, olía a comida medio quemada, obviamente Jin recicló lo que probablemente él desayunó, algo de arroz, huevo, tocino y… pan tostado, "Éste se sigue creyendo gringo".


Regresó a la habitación y se sentía a la orilla de la cama, después entró Jin con una bandeja de comida, efectivamente traía lo previsto, las porciones eran desiguales y el vaso de jugo estaba casi vacío. Aún así, le parecía un lindo detalle proviniendo de Jin.


—¡Tarán! Aquí está tu desayuno, ponte cómodo.

—¿Qué le pasó al jugo?

—Dije: ponte cómodo— dijo Jin apretando los dientes.

—Ok, tranquilo— dijo Ueda acomodándose en la cama recargando su espalda en la cabecera.

—Y… ¿Qué tal va todo?

—Acabo de despertar.

—Ah, cierto. ¿Y qué es lo último que recuerdas?

—Sinceramente, nada, ya te lo he dicho antes, no recuerdo nada—. Ante la respuesta Jin frunció el entrecejo con enojo.

—Si no quieres hablar sólo dilo— dijo dándole la bandeja con un empujón—. No puedo creer que sigas molesto conmigo— dijo antes de desaparecer tras la puerta.


Ueda permaneció estupefacto largo rato. No entendía por qué Jin se comportaba de esa manera, y lo peor de todo era que la sensación de pesadez en su cabeza persistía. Mas decidió dejarlo de lado y no darle mucha importancia a ninguno de los dos y salir a correr; dejó la comida en la silla junto a la cama y se dirigió directamente al jardín sin tener que saludar o dar explicaciones a nadie pues la casa estaba prácticamente vacía y sus grandes dimensiones hacían raros los encuentros con la servidumbre. Ya afuera observó que los perros estaban muy alterados, había hoyos por todas partes, las flores estaban destrozadas y las puertas y los alféizares de las ventanas tenían profundos y numerosos rasguños. —Seguro están así porque los tienen atados— dijo para sí dirigiéndose a ellos para liberarlos de sus cadenas, los perros lo saludaron con chillidos ansiosos y lengüetazos en las manos, agachaban las orejas y andaban con el rabo entre las patas dando vueltas a su alrededor inquietos, "Ya sé que me extrañaron mucho", repartió unas caricias a todos y salió corriendo de la propiedad, los perros intentaron seguirle pero no pudieron pasar de la reja principal.


domingo, 25 de julio de 2021

7 Days Battle sub. español

 



LetraSean-D
Rap
JOKER
Compositores
Fredrik Hult / Sebastian Thott / Didrik Thott
Arreglistas
Fredrik Hult / Sebastian Thott / Didrik Thott


lunes, 19 de julio de 2021

The Ocean At The End Of Thw World Capítulo 18

A primera hora de la mañana, el solemne tañir de una campana los despertó. En cuestión de minutos, cada hombre a bordo del Queen of Pirates se reunió en cubierta, intrigados por la razón de aquel sorpresivo llamado a asamblea.


De pie, frente a la cabina principal, Taguchi les esperaba y, detrás de él, Jin aguardaba con rostro inescrutable.


—Todos se preguntarán por qué los he reunido tan temprano por la mañana—comenzó, con la voz perfectamente modulada y cada palabra cuidadosamente escogida—. Es para anunciarles que retiro oficialmente la acusación que tanto Koki como yo hemos hecho en contra de Jin.


Los murmullos no tardaron en levantarse y Taguchi esperó paciente a que la tripulación callara para continuar.


—Anoche fui en su busca para intentar entender lo qué estaba pasando, para escuchar de su propia boca si las sospechas de Koki eran ciertas.


>>Al principio se rehusó a hablar. Estaba molesto conmigo por mi desatinada forma de proceder, pero al comprender que mis intenciones eran honestas, cambió de parecer y decidió abrirme su corazón. Me explicó en detalle todo lo que lo atribula, y he llegado a la conclusión de que su extraño comportamiento nada tiene que ver con la traición. Lo que lo aqueja en realidad es el dolor insoportable, la impotencia, de no haber sido capaz de salvar a nuestro amado y difunto capitán.


>>A lo largo de este infastuoso viaje, Jin ha intentado enmendar ese error, cometiendo otros pocos en el camino. Se ha negado a pedir ayuda, tan dispuesto a cargar el peso de la culpa por sí mismo y tratando de usar su sola fuerza para llevarnos al éxito.


>>Es un hombre orgulloso, ustedes conocen bien su carácter, y saben que a pesar de sus muchos defectos, jamás ha hablado una sola palabra que no sea verdad. Es sabido a lo largo de los siete mares que su lealtad hacia esta tripulación, hacia lo que ésta representa, es más profunda que el océano mismo y más extensa que el cielo sobre nosotros. Es por esto que retiro mi acusación y también por lo que les pido que perdonen su insensatez.


Entonces clavó la mirada en Koki, quien se encontraba parado casi al frente de la muchedumbre, con los brazos cruzados y la expresión colmada de incredulidad e impaciencia.


—¿Tú retiras la tuya?


Como no había nada que contestar, se quedó callado. Taguchi prosiguió tras cerciorarse de su silencio.


—Aún así, Jin está en falta con la tripulación, por lo que propongo que sean ustedes quienes decidan su castigo. A menos, claro, que aún quede alguna objeción a su inocencia.


Había algo en la imagen que proyectaban al estar juntos. Una fuerza descomedida de la que individualmente carecían, como si así, unidos, se hubieran transformado en un titán que estuviera a punto de devorarlo todo.


No obstante, había algo raro, pudo apreciar Ueda. Algo que no terminaba de casar con la imagen y, guiado por este sentimiento de extrañeza, Ueda pasó al frente.


—Propongo que sea relevado de su cargo como segundo al mando.


Taguchi ladeó la cabeza en un gesto de la más genuina curiosidad.


—Lo relevamos, ¿y después qué?


El noble no había pensado en ello, ocurría que habló por puro impulso, pero también ocurría que en los últimos días se había vuelto un poco más hábil en salvar cara y enfundado de una cordialidad sencilla contestó:


—Puede volver a hacerse cargo de las bodegas.


Animados por la valentía de Ueda, las propuestas no tardaron en llegar y esta iban desde las más humillantes como dejar que la tripulación le arrojara comida podrida y otros desperdicios hasta estar satisfechos; pasando por lo más normal al dejarlo atado a un mástil sin comida ni agua por dos días;  hasta lo inverosímil, como vestirlo de mono organillero y obligarlo a bailar toda la noche sin descanso. Jin no se mostraba particularmente contento con esta idea y parecía dispuesto a matar a quien fuera que la secundara.


No se ponían de acuerdo y aunque la impaciencia se traslucía en el rostro del capitán, tampoco sugería nada.


Al cabo de un rato y con los piratas ya a punto de dejar el asunto para otro día, Kame sugirió con timidez que Jin fuera asignado como ayudante y guardaespaldas de Ueda.


—¡De ninguna manera!—fue la réplica instantánea de Jin.


Su negativa tan sólo incentivó más a los piratas, logrando incluso que Koki exhibiera una sonrisa socarrona.


—¡Es perfecto!—exclamó el pirata del parche.

—¡No!

—Vamos, Jin—se unió Ueda—. De esta forma podrás demostrar que sigues siendo alguien de confianza. Has servido bien a esta tripulación por años y sería injusto que te convirtiéramos en un grumete o que te lanzáramos al calabozo así sin más.


Ningún pirata objetó a esto último, sellándose así el destino de Jin.



Una vez la asamblea concluyó, los piratas se dispersaron para aprovechar el tiempo libre que tenían antes de que el capitán decidiera reanudar labores. 


—Bueno, suerte con eso.


Taguchi le palmeó la espalda antes de desaparecer bajo cubierta.



Ueda se acercó a él, aunque Jin estaba claramente enojado, y de que no tenía la más mínima y remota idea de cómo ese par se habían arreglado, trató de actuar con normalidad.


—Me alegra que estés mejor.

 —Tsk.

—¿Es así cómo le respondes a tu superior?—contestó indignado ante la grosería.


Jin rodó los ojos.


—Estoy bien, Ilustrísimo Señor. No se preocupe por mí.


Dijo esto acompañado de una perfecta reverencia. Ueda se sonrojó al instante ante este nombramiento del cual se había deshabituado, además de que lo creía ridículo y fuera de lugar en su condición actual.


—Con señor basta—se apresuró a decir, tratando de recuperar la compostura.

—No quisiera faltarle al respeto, Ilustrísimo Señor.


El sonrojo de Ueda se multiplicó hasta volverse de un rojo vivo y fue sólo entonces que Jin estalló en una estruendosa carcajada.


—¡Ay, eres un imbécil!


Una nueva carcajada vino acompañada por la de algunos piratas que seguían en las periferias, y el berrinche de Ueda hubiera estallado de no ser porque la risa de Jin se cortó de golpe y el pirata perdió el equilibrio.


Ueda alcanzó a atraparlo, pero apenas la mano del noble entró en contacto con la de Jin, este se apartó bruscamente, como si Ueda quemara, y cayó irremediablemente al piso. A pesar de que la reacción del pirata había sido extraña, Ueda no se detuvo a pensar en ello y de inmediato llamó a los piratas que se habían reído de él para que lo ayudaran.



Lo llevaron de inmediato a la cabina principal y a pesar de sus resistencias, lo tendieron en la cama. Ueda les agradeció y mandó a una a llamar a Kame. Sin embargo, una vez se encontraron solos, Jin se levantó dispuesto a marcharse, pero el noble lo detuvo al empujarlo sin mucho esfuerzo.


—Estás débil.


Jin no dijo nada, se limitó a mirarlo confundido. Ueda tomó asiento junto a él en la cama y evitando mirarle de frente comenzó a hablar.


—Creí que te encontrabas mejor, con todo ese buen humor y con Taguchi de tu lado otra vez...Ellos...Creo que Koki sospecha lo que estás haciendo y yo...yo no sé si quiero ser parte de ello. No hay nada que me asegure salir con vida si elijo ayudarte, así que me gustaría que fueras honesto por una vez en tu vida y me dijeras qué está pasando.


Se volvió hacia él, la confusión en el rostro del pirata se había vuelto una emoción más complicada y difícil de leer. El noble pudo notar que frotaba con el pulgar, la zona en que le había alcanzado a tocarlo.


Ueda frunció el ceño, incapaz de entender a qué se debía el cambio tan repentino de Jin. Tal vez pasar tanto tiempo inconsciente había acabado con la poca cordura del pirata.


—No sé si puedo confiar en ti.

—¿Entonces por qué?—se llevó la mano al crucifijo.

—Has cambiado.


Jin se reincorporó, descansando con cuidado su espalda contra los postes de la cama. Se veía casi igual a cómo la última vez que lo vió consciente, pero sus ojos ennegrecidos tenían un aire de infelicidad del que antes carecían.


Al estar cara a cara, con la luz del sol a espaldas de Jin, sus ojos negros se proyectaron en las sombras, haciendo que resultara casi imposible leer su expresión.


—Cuando desperté, lo primero que pensé fue en ti...Necesitaba verte—dijo por fin con suavidad—. Yo quería…


Levantó vacilante la mano y Ueda cerró los ojos en un acto reflejo, pero la mano del pirata no le hizo ningún daño, sino que se posó en su rostro en un gesto precavido que, de no ser porque provenía de Jin, el noble hubiera jurado contenía algo de cariño.


—Yo quería agradecerte.


Ueda no pudo suprimir el escalofrío que recorrió su cuerpo al escucharlo tan cerca, tan sincero e íntimo.


—N-no fue nada. Tú me salvaste,—dijo con torpeza, abriendo los ojos—¿recuerdas?, ¿en la tormenta? Sólo te estoy devolviendo el favor.


La frente de Jin se arrugó, pero el gesto apenas duró. Su rostro había vuelto a ser distante, también notó que Jin había recogido las manos en un puño a sus costados. Cuando habló, lo hizo con su tono frío y arrogante de siempre.


—Decídete pronto. 




lunes, 12 de julio de 2021

Freedom sub. español

Compositores: Gota Nishidera, Makihiko Araki
 

Red Moon Capítulo 2

Taguchi y Nakamaru volvieron sin Tanaka e inmediatamente se dieron a la tarea de instalar el equipo audiovisual, no les tomó mucho tiempo y parecían muy satisfechos de su propio trabajo, Akanishi por su parte se limitó a mirar soltando comentarios al azar de vez en cuando. Después regresó Tanaka cargado con muchas bolsas de comida, Ueda se sorprendió, viendo aquella cantidad de comida como suministros de guerra más que como aperitivos. Y sin más miramientos comenzaron el maratón con las películas de terror a petición de Nakamaru que quería acabar con ellas lo más pronto posible, sin embargo Akanishi hizo la lista y empezó con unas de terror psicológico lo suficientemente largas para poder ver las más sangrientas ya bien entrada la noche; al cabo de unas tres películas apareció Kamenashi disculpándose por la demora, antes que cualquier cosa, explicando que se debía a problemas técnicos durante el rodaje en exteriores, tomó asiento e hicieron algún par de bromas respecto a que si Taguchi y Nakamaru fueran los técnicos no ocurrirían ese tipo de problemas, repartieron más comida y continuaron el maratón con las luces apagadas.


Todo iba bien, Ueda no se sentía tan mal como creyó que lo estaría, simplemente tenía un poco de fatiga y algo de sueño. Realmente estaba disfrutando de aquel momento en compañía de sus amigos; siempre le habían gustado ése tipo de filmes, más aún aquellas que en verdad lograban producirle miedo o sorpresa, mas siempre prefirió las que incluyeran algo de fantasía por lo que sugirió ver películas sobre vampiros y hombres lobo a lo cuál los demás accedieron inmediatamente. Sin embargo, el gusto no le duró mucho, cuando los cánidos aparecieron en pantalla su cuerpo comenzó a reaccionar de manera rara e involuntaria, provocándole un escandaloso cambio de temperatura acompañado de sudoración y y una leve taquicardia, a pesar de ello decidió no decir nada al respecto pues no quería arruinar aquel preciado momento preocupando a sus amigos. Al cabo de un rato Kamenashi pareció ser el único en darse cuenta de lo que sucedía y le preguntó por lo bajo si se sentía bien, Ueda le respondió que sí restándole importancia a la preocupación de su compañero, pero estaba mintiendo, el malestar iba en aumento extendiéndose cada vez a más partes de su sistema, sintiéndose especialmente alterado en las escenas de sangre y transmutación. Se sentía mareado, como aturdido, con el estómago revuelto y un dolor punzante en la quijada. Intentó disimularlo tapándose con una de las sábanas, mas ya era demasiado tarde, los demás ya lo habían notado.


—¿Te encuentras bien, Uepi?—preguntó Taguchi levantándose de su asiento.

—Sí, estoy bien—le temblaba un poco la voz.

—¿Seguro?—preguntó Kamenashi esperando que confesara.

—Sí, sí, sólo son un poco de náuseas—. La luz del televisor le resultaba muy intensa.—Creo que comí demasiado.

—Pues no luces nada bien, bro—dijo Tanaka con preocupación—, ¿quieres que llame al médico?

—No, no, no. Estoy bien.


Intentó levantarse de la cama pero las piernas le flaquearon, hizo amago de todas sus fuerzas y lo consiguió en su segundo intento, sin embargo su equilibrio era precario y la vista comenzó a fallarle, entre cada parpadeo las cosas parecían perder color tornándose  a colores más opacos en tonos amarillentos y grises. Caminó hacia el baño dando trompicones entre los cuales su visión se alternaba entre la normal y la grisácea en intervalos más largos.


—Ya llamé al médico—anunció Nakamaru.

—Llama a sus padres también—ordenó Kamenashi mientras Taguchi y Tanaka se encargaban de encender todas las luces y despejar el lugar.


Akanishi le sujetó del brazo para ayudarle en su trayecto, provocando en Ueda un fuerte estremecimiento al tacto abrasador de sus manos; lo encaminó directo al retrete para que pudiese vomitar sin causar mayor desastre.


—Luces horrible.

—Estoy bien—ahora se le nublaba la vista—, de verás.

—No lo estás, dejá de hacerte el duro, ¿quieres?

—Estoy…—volvió nuevamente el estómago—. Olvídalo—alcanzó a decir antes de volver a perder la conciencia.


domingo, 4 de julio de 2021

Red Moon Capítulo 1

 


Capítulo 1


Se encontraba en un estado de semiinconsciencia, le zumbaban los oídos y tenía el cuerpo débil, apenas podía sentir las rasgadas ropas y la humedad en su piel. Mientras intentaba ponerse en pie pudo vislumbrar un par de cuerpos que  se le acercaban, le sujetaron por ambos brazos para levantarlo del suelo y lo encaminaron hacia una parpadeante luz roja que terminó por cegarle completamente antes de sentirse desfallecer.



Despertó con una sensación parecida a la resaca, se incorporó como pudo, se restregó los ojos y observó el lugar con sorpresa; no estaba en un hospital. La habitación le parecía un tanto familiar, así que miró en derredor, el lecho en que se encontraba era sumamente suave, cubierto por sábanas de seda de un color perlado, el suelo estaba alfombrado en su totalidad, la decoración era sencilla pero de muy buen gusto, sólo había un par de muebles apenas eran perceptibles debido a las enormes máquinas colocadas a ambos lados de la cama que acaparaban toda la atención, sin embargo todo armonizaba a la perfección. El lugar era cálido y confortable, seguro se hallaba en casa de sus padres. Permaneció sentado algunos minutos en lo que tomaba control de su entumecido cuerpo, inhaló profundamente y salió de la cama arrancándose todo aquello que no pertenecía a su cuerpo, sorprendiéndose del poco dolor que sintió al desprenderse de las máquinas pues en el pasado siempre había necesitado ayuda. Dió un par de pasos hacia la puerta y esta se abrió ante él, era su amigo Nakamaru quien la accionó, iba cargado con bolsas de lo que parecía ser comida chatarra y un ramo de flores, detrás se encontraban Tanaka y Taguchi; los tres se detuvieron en seco al mirarle despierto y en pie. Nakamaru dejó caer las cosas en su asombro y Tanaka no dudó un instante en abrazarle con fuerza, dando saltitos de alegría a pesar de la desnudez  de Ueda y aparente debilidad. Taguchi sonrió ampliamente  diciendo "le avisaré a los demás", y salió corriendo.


—Me alegra tanto que al fin hayas despertado—dijo Nakamaru antes de unirse al abrazo—. Estábamos tan preocupados.

—No es para tanto—dijo intentando librarse de ellos.

—¿Cómo que no es para tanto? Creímos que morirías—dijo Tanaka con los ojos brillantes.

—¿Morirme? ¿Por qué?—preguntó desembarazándose de ellos.

—Pues… tenías un aspecto de, ya sabes…

—Cállate ,Koki, no lo abrumes—le interrumpió Nakamaru dándole un golpe en el brazo.

—Ya le avisé a tu familia—dijo Taguchi entrando por la puerta con la respiración agitada por la carrera—. Akanishi viene en camino y Kame vendrá en cuanto salga del trabajo.


Hubo un silencio y añadió—¿Por qué estás desnudo?

—Cierto, ¿por qué lo estás?—preguntó Nakamaru que no parecía haberlo notado.

—¿Qué fue lo que pasó?—preguntó Ueda ignorando sus comentarios—. No comprendo nada.


Nakamaru miró amenazante a Tanaka, pero fue Taguchi quien no se pudo contener y comenzó hablar desesperadamente entre lágrimas: 

—No sabemos, de hecho nadie lo sabe, te perdiste durante varios días, dicen que te encontraron tirado en un bosque,—chilló hablando cada vez más rápido—que te había atacado un animal o algún psicópata, tenías huesos rotos, heridas por todas partes, la cara desfigurada, hace días que no despetabas—. Se detuvo para tomar aire y entre sollozos se enjugó las lágrimas con el dorso de la mano y sujetándolo por los hombros agregó—. Creí que morirías, oh, estábamos tan preocupados—dijo hundiéndose en el llanto.


—Sí, fue horrible—dijo Tanaka uniendosele a Taguchi.

—Muy horrible—Nakamaru tampoco logró contenerse y entre los tres lloraban abrazándolo.


Así pasaron sólo un par de minutos, un par de minutos que a Ueda le parecieron eternos hasta que una voz bien conocida los interrumpió, provocándole un vuelco al corazón y erizándole los pelos de la nuca.


—¿Qué hacen, maricas?—dijo Akanishi con un dejo de asco ante tal escena.

—¡Oye, no nos digas maricas!—reclamó Tanaka hinchando su orgullo volviéndose bruscamente hacia el chico en la entrada de la habitación.

—¿Por qué no? Lucen cómo unos.

—¡Claro que no!—dijeron  Nakamaru y Taguchi al unísono colocándose detrás de Tanaka, y Nakamaru agregó enderezandose lo más que pudo.— Son lágrimas de macho.

—Cómo sea, maricas. Traje algunas películas para despertarle el cerebro al enfermito—dijo dándole una bolsa llena de DVD's a Tanaka como quien coloca basura en un contenedor, para luego dirigirse  a un Ueda que le miraba expectante, sin embargo no dijo nada más.

—Traeré el reproductor y la pantalla—dijo Nakamaru antes de salir de la habitación.

—Yo te ayudo—le siguió Tanaka.

—Será mejor que vaya a ver a mi familia—dijo Ueda disponiéndose a dejar la habitación.

—Oh, no, tú te quedas—dijo Akanishi empujándolo a la cama—. Ellos ya te tuvieron mientras eras un vegetal, nos toca pasar un rato contigo.

—Pero deben estar preocupados.

—¿Y nosotros no?


Ueda no supo qué responder. De pronto el ambiente se tensó,Taguchi parecía estar congelado, se hizo el silencio y todos permanecieron inmóviles, la presencia de Akanishi siempre había sido imponente de algún modo, así que sólo él pudo sacarlos de aquel incómodo momento.


—Ponte algo de ropa, ¿quieres?

—Ah, sí—buscó la bata entre las sábanas y se la puso a prisa.

—¿Y qué películas trajiste?—preguntó Taguchi reaccionando al fin.

—De todo un poco, algunas más de terror—dijo recogiendo la bolsa de comestibles del suelo y sentándose al borde de la cama—. Lo normal, creo.

—Vale…—Taguchi parecía nervioso.—Ya tardaron mucho los chicos, creo que iré a ayudarles—dijo y salió disparado como si huyera de algo.

—¿Y? ¿Qué fue lo que te pasó?— preguntó directamente Akanishi.

—Ahm, no lo sé—respondió algo incómodo ante la mirada escudriñadora de su interlocutor.— La verdad es que no recuerdo nada.

—Está bien, ya me lo contarás todo después.