Taguchi y Nakamaru volvieron sin Tanaka e inmediatamente se dieron a la tarea de instalar el equipo audiovisual, no les tomó mucho tiempo y parecían muy satisfechos de su propio trabajo, Akanishi por su parte se limitó a mirar soltando comentarios al azar de vez en cuando. Después regresó Tanaka cargado con muchas bolsas de comida, Ueda se sorprendió, viendo aquella cantidad de comida como suministros de guerra más que como aperitivos. Y sin más miramientos comenzaron el maratón con las películas de terror a petición de Nakamaru que quería acabar con ellas lo más pronto posible, sin embargo Akanishi hizo la lista y empezó con unas de terror psicológico lo suficientemente largas para poder ver las más sangrientas ya bien entrada la noche; al cabo de unas tres películas apareció Kamenashi disculpándose por la demora, antes que cualquier cosa, explicando que se debía a problemas técnicos durante el rodaje en exteriores, tomó asiento e hicieron algún par de bromas respecto a que si Taguchi y Nakamaru fueran los técnicos no ocurrirían ese tipo de problemas, repartieron más comida y continuaron el maratón con las luces apagadas.
Todo iba bien, Ueda no se sentía tan mal como creyó que lo estaría, simplemente tenía un poco de fatiga y algo de sueño. Realmente estaba disfrutando de aquel momento en compañía de sus amigos; siempre le habían gustado ése tipo de filmes, más aún aquellas que en verdad lograban producirle miedo o sorpresa, mas siempre prefirió las que incluyeran algo de fantasía por lo que sugirió ver películas sobre vampiros y hombres lobo a lo cuál los demás accedieron inmediatamente. Sin embargo, el gusto no le duró mucho, cuando los cánidos aparecieron en pantalla su cuerpo comenzó a reaccionar de manera rara e involuntaria, provocándole un escandaloso cambio de temperatura acompañado de sudoración y y una leve taquicardia, a pesar de ello decidió no decir nada al respecto pues no quería arruinar aquel preciado momento preocupando a sus amigos. Al cabo de un rato Kamenashi pareció ser el único en darse cuenta de lo que sucedía y le preguntó por lo bajo si se sentía bien, Ueda le respondió que sí restándole importancia a la preocupación de su compañero, pero estaba mintiendo, el malestar iba en aumento extendiéndose cada vez a más partes de su sistema, sintiéndose especialmente alterado en las escenas de sangre y transmutación. Se sentía mareado, como aturdido, con el estómago revuelto y un dolor punzante en la quijada. Intentó disimularlo tapándose con una de las sábanas, mas ya era demasiado tarde, los demás ya lo habían notado.
—¿Te encuentras bien, Uepi?—preguntó Taguchi levantándose de su asiento.
—Sí, estoy bien—le temblaba un poco la voz.
—¿Seguro?—preguntó Kamenashi esperando que confesara.
—Sí, sí, sólo son un poco de náuseas—. La luz del televisor le resultaba muy intensa.—Creo que comí demasiado.
—Pues no luces nada bien, bro—dijo Tanaka con preocupación—, ¿quieres que llame al médico?
—No, no, no. Estoy bien.
Intentó levantarse de la cama pero las piernas le flaquearon, hizo amago de todas sus fuerzas y lo consiguió en su segundo intento, sin embargo su equilibrio era precario y la vista comenzó a fallarle, entre cada parpadeo las cosas parecían perder color tornándose a colores más opacos en tonos amarillentos y grises. Caminó hacia el baño dando trompicones entre los cuales su visión se alternaba entre la normal y la grisácea en intervalos más largos.
—Ya llamé al médico—anunció Nakamaru.
—Llama a sus padres también—ordenó Kamenashi mientras Taguchi y Tanaka se encargaban de encender todas las luces y despejar el lugar.
Akanishi le sujetó del brazo para ayudarle en su trayecto, provocando en Ueda un fuerte estremecimiento al tacto abrasador de sus manos; lo encaminó directo al retrete para que pudiese vomitar sin causar mayor desastre.
—Luces horrible.
—Estoy bien—ahora se le nublaba la vista—, de verás.
—No lo estás, dejá de hacerte el duro, ¿quieres?
—Estoy…—volvió nuevamente el estómago—. Olvídalo—alcanzó a decir antes de volver a perder la conciencia.
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