lunes, 24 de mayo de 2021

The Ocean At The End Of The World Capítulo 16

 Una figura se escabulló a la enfermería junto con la primera luz del alba, deteniéndose a escaso medio metro del par de hombres durmientes. 


El médico descansaba  la cabeza en el camastro, a la altura del vientre del pirata; usaba su propio brazo como almohada y la mano que tenía libre sostenía a la de Jin en un suave agarre. A pesar del cansancio, su rostro aparecía relajado.


Jin, en cambio, estaba agotado pero vivo; sus largas pestañas reposaban sobre las sombras bajo sus ojos. Parecía vulnerable, como un niño pequeño. Se removió levemente, como sintiendo su presencia, abriendo los ojos un poco para luego pronunciar su nombre y volver a cerrarlos.


Su corazón dió un vuelco y sintió resquemor. Ambos estaban atrapados en un lugar del que tal vez nunca podrían salir. Si miraba atrás todavía podía ver a Jin como el niño que era, trepado en los árboles y haciendo cualquier tontería para hacerle reír. Pero si miraba hacia el frente, sólo veía a un hombre taciturno que ya no podía reconocer, lleno de obscuridad y secretos.


—Dime, ¿por qué las cosas tienen que ser así?


Apartó las emociones confusas que se agolpaban en su pecho y abandonó el lugar de la misma forma en la que había llegado, como una sombra.



Despertó a causa del frío que le ocasionó la pérdida corporal de Kame. el grumete había intentado ser lo más discreto posible al abandonarlo, pero Ueda era de sueño ligero y las pesadillas no le dejaron permanecer más tiempo en la cama.


—Aún es temprano—se quejó, señalando que el sol apenas se elevaba unos centímetros por encima del mar.

—Tengo que cocinar.


Ueda sonrió, alegre de escuchar una buena noticia entre tanta penumbra.


—Les encantará—dijo al ver la inseguridad del menor—. Y cuando todo esto acabe puedes dejar la tripulación y venir conmigo. Tengo una finca que te encantará, hasta podrías llevar a tu familia a vivir ahí—dijo con tono casual.


Kame le miró con una mezcla de recelo y esperanza.


—¿Habla en serio, señor?

—Claro—le sonrió—. Sólo tendrías que darme una cosa a cambio: tu lealtad.

—¡La tiene, señor!

—Eso incluye traicionar a Koki, si llegara el momento.


Kame pareció dudarlo un momento antes de decir:—.  Mi lealtad es toda suya, señor.

—Vamos a trabajar—dijo entonces con una sonrisa.


Caminaron juntos hasta la entrada de la cabina del capitán, luego el grumete marchó a las cocinas y Ueda se quedó un momento frente a la puerta, incapaz de imaginar lo que encontraría del otro lado.


Llamó un par de veces antes de que Taguchi la abriera, en su rostro no quedaba rastro alguno del cansancio que mostrara la víspera, ni siquiera parecía enojado; su semblante era fresco y su humor el mismo de siempre.


—No tienes que tocar, sólo entra.

—No está abierto a estas horas—contestó extrañado.

—Oh, debí olvidarlo—se apartó—. Pasa.


Se sentaron a la mesa, aún faltaba alrededor de una hora para que el resto de la tripulación despertara y el desayuno tardaría otro poco, por lo que Ueda supo que era  el momento idóneo para abordar el tema.


—¿Por qué lo castigaste?

 

El capitán soltó un pesado suspiro.


—Mentiría si te dijera que hay una sola razón, son demasiadas cosas. Demasiados sentimientos irresolutos vinieron a estallar anoche.

—Creí que tú sabías que…

—¿Qué son amantes? —bufó—. Estoy tan sorprendido como tú, suele tener mejor gusto que eso. Pero dime, Tatsuya, ¿a ti te molesta que lo sean?

—No realmente.


Dijo con seguridad. Era una cuestión que ni siquiera se le había cruzado por la cabeza.


—Supongo que el problema es enteramente mío.


Alargó una mano y la colocó sobre la del noble.


—Quiero que sepas que, independientemente de lo que pase con Jin, nadie cuestionará tu lugar en la tripulación, mucho menos tus lealtades.


Se estremeció ante estas palabras y una sonrisa apareció en el rostro del capitán, los ojos brillando con astucia. Ueda se percató de que cada vez que se encontraba a solas con él, bajaba la guardia. Siempre se veía sorprendido, ya fuera por sus palabras o por sus acciones. 


Quiso decir algo, pero la oportuna llegada de Koki lo salvó de dar un paso en falso.


—La tripulación está inquieta.


A pesar del evidente estado atribulado del condestable, el rostro del capitán permaneció inmutable, y al ver que el capitán no tenía intención alguna de concederle un momento a solas, Koki suspiró exasperado.


—La tripulación está más que inquieta.

—Es natural, dado que le apliqué la ley mosaica a su estimado segundo al mando.

—No saben qué demonios te poseyó anoche. Han estado hablando de  amotinamiento y muchos parecen preferir a Jin sobre de ti.


No parecía sorprendido en lo absoluto, pero había algo en su voz que hizo preocupar a Ueda.


—No tienes de qué preocuparte, es un asunto que resolveremos durante la asamblea. 


Soltó la mano de Ueda, luego se puso en pie y antes de abandonar la cabina le dedicó una caricia en la cabeza: —. Procura descansar, aún te ves pálido.



Después del desayuno, los piratas se reunieron en cubierta como una desordenada masa de feroces rostros y gritos enardecidos que exigían respuestas. Koki hacía lo posible por intentar calmarlos, mientras que Taguchi se preparaba para dar inicio a la asamblea.


—De acuerdo con las leyes establecidas…


Ni siquiera pudo comenzar con las formalidades, un grupo de piratas lo abucheó, y uno de ellos incluso tuvo el coraje para insultarlo y culparlo de todos los males que sufría la embarcación, aludiendo a su incompetencia e ineptitud.


—¡Jin es mucho mejor capitán de lo que serás nunca!


—¡Regresa a tu castillo!—coreó otro grupo que se había unido a la protesta.


Ueda esperó alguna reacción violenta por parte del capitán, incluso de Koki, pero todo lo que salió de sus bocas fue un llamado a la calma y a respetar el código pirata. 


El noble, que había considerado quedarse a la asamblea, decidió que lo mejor era ir bajo cubierta y encontrar refugio. Temía que en cualquier momento, estos enfurecidos y descontrolados piratas decidieran volcar su ira sobre su persona, y él no estaba dispuesto a sufrir un linchamiento.


Avanzó un par de metros entre la multitud cuando vio formarse una sonrisa en el rostro del capitán, apenas una leve curvatura de sus labios que se ocultó tras las siguientes palabras:


—Jin es sospechoso de traición.


Hubo algo en la manera en que pronunció estas palabras, tanto el nombre de Jin como la palabra traición, que fueron para Ueda como recibir una caricia furtiva. Detuvo su paso, tratando de sosegar el corazón que le latía desbocado. 


La tripulación enmudeció y con serenidad Taguchi continuó:—. Lo que pasó ayer no fue más que una advertencia. Cuando despierte…


Todos sintieron la amenaza soterrada en esas palabras y el silencio, que se había hundido de manera tan violenta y rápida, de pronto explotó en una oleada de murmullos desconcertados que ahogaron la voz del capitán.


Ueda no se quedó, corrió bajo cubierta y de ahí a la bodega, asegurando una bolsa de provisiones que ayudara a los prisioneros de la enfermería a resistir por  al menos otras dos jornadas. Pronto, cada rincón del Queen of Pirates se volvería territorio hostil y cada par de ojos se transformarían en una extensión de los del capitán.


Nishikido estaba preparando alguna medicina cuando el noble entró y al escucharlo se giró a él sobresaltado. Ueda esperó a que su propio corazón se calmara antes de preguntar:


—¿Nada aún?


El médico negó con la cabeza. Ueda hizo un puchero de frustración con la boca.


—El capitán lo acusó de traición...—quiso explicar más, pero estaba seguro de que Nishikido no entendería ni la mitad de lo que él mismo apenas entendía—. No podremos venir, espero que esto les sirva.


El médico tomó las provisiones y contrario a lo que Ueda hubiera podido esperar de un hombre tan arrogante como él, el médico le dió un sincero agradecimiento.


—¿Puedo?—preguntó entonces inseguro, señalando con un tímido gesto de la mano al pirata que descansaba a medio metro de ellos.

—Adelante.


Nishikido volvió a su trabajo, concediéndole a Ueda toda la privacidad de que era capaz en tales circunstancias. 


Ueda tomó asiento en un pequeño banco junto a él, reprimiendo un primer impulso que le hizo querer tomar su mano, apartando, en cambio, el río de cabellos negros que cubrían su rostro. Notó que éste aparecía relajado y vulnerable, más suave y menos anguloso que cuando estaba despierto, conservaba, además, ese aire infantil que él mismo poseía. Una imagen serena a la luz del sol. Su respiración era acompasada y al cabo de unos minutos sus labios comenzaron a temblar, murmurando en sueños.


—Quiero pensar que eso significa que estará bien.

—Lo estará y tú—dijo volviéndose hacia él—debes descansar.


Ueda asintió antes de marchar.



Una vez que hubo terminado la asamblea, ambos piratas volvieron al camarote principal al cual Taguchi le echó el cerrojo antes de tomar una manzana del frutero y sentarse a la mesa a comerla. Koki se quedó detrás de él, con la espalda recargada en la puerta; su rostro era torvo y su mirada cauta. Clara señal de que la acusación de Taguchi lo había tomado por sorpresa.


—¿Qué mierda fue eso?

—Una acusación, ¿qué más podría ser?—dijo hastiado por la obviedad.

—Cruzaste la línea, ¿qué pasa si despierta y comienza una guerra por esto? Es lo que menos necesitamos en este momento.

—Oh, créeme, lo hará. Y tú debes estar preparado para enfrentar su ira.

—Debemos—le corrigió tajante.


Taguchi soltó una risa condescendiente. 


—En lo absoluto, Jin jamás me pondría una mano encima.

—Le tienes mucha confianza al cariño que te tiene.

—El amor nos vuelve vulnerables. Además, deberías estar agradecido, ahora tienes la oportunidad de demostrar que es un traidor.

—¿Qué si lo es?

—Podrás encargarte de él.

—¿Y si no lo es?—preguntó receloso. Taguchi le regaló una de sus sonrisas astutas.

—Volveremos a ser una familia feliz.