Despertó ya pasada la hora del desayuno. Taguchi dormitaba tranquilamente a su lado, abrazándole por la espalda. Al verlo se llevó la mano a los labios. El beso del capitán había sido desapasionado, incluso frío, la única señal de que en realidad le había deseado fue el brillo codicioso de esos ojos con los que estremeció su mundo. Un escalofrío recorrió su espalda y sacudiendo la cabeza en un intento de alejar aquella sensación, se deshizo del abrazo del capitán para reincorporarse y así poder despertarlo.
La mirada risueña con la que le miró y la sonrisa con la que le dió los buenos días le contaron una historia diferente.
Le devolvió el saludo con torpeza, inseguro de qué podría esperar ahora. No sabía si el capitán se lo tomaría como lo que era, un encuentro de una sola noche o si por el contrario, se lo tomaría más en serio.
Al verlo dudar, el capitán se reincorporó y alargó una mano para levantar la barbilla del noble, empujando su cabello hacía atrás, acariciando su rostro en un gesto descaradamente sensual que lo descolocó. La sonrisa de Taguchi se ensanchó, como si encontrara esa reacción terriblemente divertida.
—¿Pasa algo?—preguntó Ueda, tratando de disimular su turbación.
—Tú.
Ueda frunció el ceño. Taguchi rió con liviandad.
—A lo que me refiero es a que, cuando te conocí, pensé que no eras más que un error; un tonto y caprichoso noble sin una pizca de virtud, pero entre más tiempo paso contigo más me doy cuenta de lo errado que estaba. Eres inteligente, trabajador, leal y, bueno, lo que quiero decir es que te admiro y que quiero que permanezcas a mi lado aún después de que todo esto acabe.
Ueda le miró estupefacto. Nunca hubiera imaginado la seriedad de los sentimientos que vertería en aquella declaración. Parecía sincero y se encontró a sí mismo pensando en que de haberse conocido en otras circunstancias, no dudaría un segundo en aceptar su propuesta. Desgraciadamente, a quien tenía frente a él era a una persona en la que estaba seguro que no podía confiar, pero también se dijo a sí mismo que de cualquier forma no tenía más opción que aceptar si eso le garantizaba salir vivo de aquella peligrosa empresa.
Asintió con un ligero movimiento de cabeza y con firmeza aferró la mano sobre la suya para que no quedara lugar a dudas de su convicción.
La noticia voló y Koki no tardó nada en organizar la celebración, ignorando las negativas que tanto Ueda como Taguchi proferían, usando como excusa que parecían navegar en un eterno cortejo fúnebre en lugar de en una divertida aventura pirata.
Fueron pocos los piratas que encontraron enojosa la nueva situación, la mayoría se mostraron contentos de por fin ganar la apuesta contra aquellos que pensaban que Ueda terminaría eligiendo a Jin.
Ueda se ruborizó antes sus muestras de desfachatez, dando rienda suelta a las burlas.
Aquel jolgorio sacó a Jin de donde sea que hubiera estado escondido y se acercó a ellos molesto.
—¿Por qué tanto escándalo?—gruñó.
—¿Qué? ¿Vives en una cueva?—se colgó Koki de su cuello, exhibiendo una sonrisa de oreja a oreja que hizo que Jin le mirara receloso—. Ueda y Junno estuvieron follando hasta el cansancio.
Taguchi le prodigó una falsa sonrisa de afectada vergüenza, en tanto que Ueda enrojeció hasta la raíz.
Un silencio surgió entonces. Jin les miraba con sus enormes ojos obscuros, su cara era pura conmoción, les miraba a él y a Taguchi como si tuviera frente a él algo fundamentalmente erróneo, una persona con la cara al revés, un océano sin sal; pero pronto su rostro se tornó en algo más obscuro.
Empujó a Koki con brusquedad y salvó la distancia que los separaba en un parpadeo, arrebató a Ueda del lado de Taguchi con violencia, arrastrándolo bajo cubierta hasta la bodega, donde lo azotó contra la pared. Su rostro era una confusa marea de emociones.
Ueda podía sentir contra su boca como fuego su respiración, una mezcla de licor y la abrasadora emoción que se agitaba en su pecho. Parecía estar a punto de decir algo, pero se arrepintió y en cambio azotó una mano contra la pared, justo al costado de su cabeza.
—Mierda, mierda, mierda—maldijo. Se veía extrañamente derrotado.
Ueda recordó todo lo que le había dicho la víspera y se encontró incapaz de reparar el daño.
—Jin, yo…
—Lárgate—le cortó con voz trémula, pero al no moverse el noble, rugió:—. ¡Qué te largues!
Fue la señal para salir corriendo a esconderse a las cocinas.
Pensó que Taguchi sería quien iría a buscarlo, pero para cuando agotó todo el consuelo que el pequeño Kame pudiera brindarle y el mismo le hubiera dejado para unirse a la celebración, Koki apareció llevando consigo una botella de licor y los ánimos extrañamente bajos.
—No te vendría mal un trago—lo saludó.
—A ti tampoco.
Se dejó caer junto a él en el piso
—Todo se volvió un caos allá afuera, ¿eh?. No sabía que tu culo valía tanto.
—Vale un reino—le contestó de mala gana, quitándole la botella para darle un trago.
—No te preocupes—le dió un empujoncito con el hombro—. Jin no hará nada. Tiene esa pinta, pero no es más que un cobarde. Aunque debo admitirlo, meterte entre esos dos fue ¡guau! ¡Tú sí que estás loco!.
—No parecen llevarse muy bien.
—Han pasado por muchas cosas—dijo con gravedad—. Él está mal, ¿sabes?—agregó adivinando su pensamiento—. Algo lo cambió. Era alguien centrado, confiable y ahora él sólo—hizo una pausa intentando encontrar las palabras adecuadas—flota alrededor.
Ueda asintió, entendía más o menos a lo que se refería. En las últimas semanas Jin no había estado actuando como sí mismo, parecía otro muy distinto al que conoció cuando fue capturado y eso, por alguna razón, no le gustaba del todo.
—¿Qué está pasando realmente?
—Si me lo preguntas así, no es tan complicado—volvió a su tono ligero—. Todo esto de ir tras los Shigeaki es porque hace dos años el marqués mató a nuestro capitán. Juramos vengarlo—rió—. No te rompas el coco en realidad la cosa es bastante simple.
—Entonces todo es un tonto viaje de venganza.
—Para nosotros no es tonto. Para bien o para mal, estamos juntos en esto.
—Sí. Estamos juntos en esto.
Dieron otro trago a la botella.
—¿Qué tiene que ver Jin con todo esto?. Pareces odiarlo en serio.
—Él estuvo presente ese día—su voz volvió a tornarse seria—. Tú has visto lo bueno que es, la facilidad que tiene para matar, y ¿aún así no pudo salvarlo?
—¿Crees que dejó que los Shigeaki lo matarán?
—Creo que lo mató él mismo y que los Shigeaki lo cubrieron.
Ueda sopesó está información por un momento antes de continuar.
—Pero nadie a bordo parece confiar en él y por lo que dicen las leyendas, el antiguo capitán debía ser más inteligente que Taguchi y mucho más despiadado. ¿Cómo es que consiguieron engañarlo?
—Porque Jin era su hijo.
Escuchó con ojos atónitos la tremebunda confesión de aquel acto salvaje.
—¿Crees que estamos en peligro?—preguntó con voz ahogada.
—No lo sé—suspiró Koki derrotado—. Ni siquiera sé por qué hizo lo que hizo.
Koki le contó que después del funeral de su padre, Jin fue elegido capitán, pero ni bien fue nombrado declinó el cargo en favor de Taguchi. De allí en adelante las cosas se fueron a pique y la relación que tenían los tres se dañó.
Viendo la situación actual, Ueda no pudo evitar preguntarse ¿quién, además de él mismo, corría con tiempo prestado?
Regresaron a cubierta tras terminarse esa botella y otra más que el noble tenía escondida entres los trastes sucios. La poca hostilidad inicial y la incomodidad que Jin hubiera generado más temprano habían desaparecido ya, ahogadas en el alcohol y los juegos.
Ueda buscó con la mirada a Taguchi, que estaba platicando con el oficial de derrota cerca de la borda, en la mano sostenía una copa de la cual bebía muy de vez en cuando a diferencia de su interlocutor. Al notar la mirada del noble sobre él, le regaló una sonrisa.
Bajo la luz lunar, su sonrisa y sus finos modales adquirían un encanto hipnotizante.
Pensó en acercarsele, pero su atención fue robada por la animada risa de Koki, quien observaba a un grupo de piratas que bailaban no muy lejos de ahí. Salvajes y cautivadores.
Iban descalzos, vestidos con apenas nada. Los brazaletes chocando rítmicamente entre sí, añadiendo un toque feral a la canción que el grupo de músicos tocaba con destreza sobre el tambaleante mar.
Giraban seductoramente, como ramos de coronas de Cristo floreciendo en la noche.
Cuando se giraron hacia Ueda, lo miraron juguetonamente con sus ojos, invitándolo a unirse.
—¿Qué te detiene?—preguntó una voz a su oído.
Ueda saltó en su sitio y volvió parcialmente el rostro hacia Taguchi.
—No es lo mío.
El capitán le miró de pies a cabeza
—Apuesto a que eres muy bueno.
Ueda tragó grueso. Taguchi alzó la copa que sostenía en la mano y se la ofreció.
—Es un buen desinhibidor.
Usó esa actitud de broma, sólo mostrando una sonrisa e inclinando levemente la cabeza. Antes, esa acción le hubiera parecido entrañable y hasta traviesa, pero ahora, esas palabras no hicieron más que inquietarle.
La oferta del capitán no desapareció y Ueda se encontró aceptándola a pesar de la sombra que se había manifestado en su corazón.
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