sábado, 20 de febrero de 2021

The Ocean At The End Of The World Capítulo 11

 

Capítulo 11

Ueda dormía plácidamente tras haber sufrido una fiebre violenta que entre quejidos y pesadillas había terminado por drenar sus fuerzas. Apenas había probado bocado y era casi un milagro que siguiera vivo.

Habían pasado dos días desde la tormenta, y aunque había logrado sobrevivir a la hipotermia de aquella primera noche, Taguchi empezaba a temer que sufriera de alguna afección más grave.

De cierta forma, se culpaba a sí mismo por ello. Sabía que de no haber asesinado al cirujano, el chico ya habría sido atendido con propiedad. Koki no hacía nada para ayudarle a calmar su ansiedad, pues permanecía recargado en el umbral de la puerta, mirándole enfurruñado y soltando resoplidos que habían comenzado a exasperarle.

Ambos estaban molestos por la forma tan abrupta en que tuvieron que volver al pequeño puerto, y temían que su se quedaban más tiempo del que era prudente, los habitantes del pueblo se darían cuanta que eran piratas. Además, casi la mitad de sus hombres estaban de licencia para irse de juerga en lo que los carpinteros reparaban la nave. Sumado a esto, estaba el hecho de que Jin había abandonado el barco sin dar explicación alguna, apenas tocaron tierra.

—No debiste dejarlo marchar—se quejó Koki—. Él nos metió en esto para empezar. Si hubiera traído a Nakamaru como se le ordenó, ya hubiéramos acabado.

—Cometió un error, a todos nos pasa—dijo, su voz más tranquila de lo habitual. Koki bufó—.Si algo te molesta, dilo. Es de mala educación lo que haces.

—Jin es un traidor—acusó con gravedad—.Ahora mismo podría estar escapando y tú se lo facilitaste.

Aunque la expresión cortés de su rostro no desapareció, tanto su voz como sus ojos se volvieron fríos como el mármol.

—Él lo desea tanto como nosotros, puede que incluso más.

—Yo no lo veo así.

El capitán se puso en pie, avanzó hasta él y le miró fijo.

—Yo por Jin pongo la mano en el fuego.

—Vas a salir quemado.

Koki dio media vuelta y marchó.

 

Era ya avanzada la noche cuando encontró la casa del único médico de la región; estaba en lo más alto de una pequeña colina y aunque su fachada era modesta, por la ubicación y el estado casi nuevo de la misma, supo que aquel hombre debía ser bastante bueno en su profesión. Llamó a la puerta un par de veces y cuando esta se abrió, un joven moreno de rostro altivo le recorrió con la mirada en un gesto despectivo que le provocó unas ganas inmensas de molerlo a golpes, sin embargo se contuvo y adoptó una expresión más afable.

—Busco a Nishikido. Me dijeron que es el único médico de la región y…

—No ayudo a criminales.

Iba a cerrarle la puerta en la cara, pero Jin se lo impidió  al interponer medio cuerpo entre la puerta y el resquicio, adoptando su habitual expresión amenazante. Pensó en lo sencillo que sería llevárselo a la fuerza, la diferencia de habilidades físicas era más que obvia, pero se resistió de esto también, no quería complicar más las cosas.

—Es una emergencia—dijo tratando de imprimir un tono agradable a su voz  fallando tristemente en el intento—.La tormenta nos atrapó y un pasajero…alguien importante…él…Su vida peligra.

El médico volvió a recorrer le con la mirada, su rostro se mostraba receloso y lo hacía con una parsimonia tal que empezaba a ponerle los nervios de punta, y no pudo evitar pensar en qué Ueda debía sentirse así cada vez que él dejaba su mirada sobre él más del tiempo que podría considerarse normal. El rostro del joven médico había pasado del recelo al escepticismo y en sus ojos Jin pudo notar un brillo de curiosidad malsana.

—Llévame con él.

 

Afortunadamente, el barco estaba prácticamente vacío, nadie trabajaba ya a esas horas y era seguro que todos estarían emborrachándose en la taberna más cercana. Taguchi era el único que se había quedado velando al enfermo y  en cuanto les vio llegar, la expresión de su rostro se relajó un poco.

El médico se presentó rápidamente y de inmediato pasó a hacerles algunas preguntas de rutina, después pidió le dejarán a solas con el enfermo pues necesitaba hacerle una cuidadosa revisión.

Mientras esperaban, Jin notó que había algo más que preocupaba a su capitán, se veía cansado y en el límite de  su paciencia.

—¿Pasa algo?

—Koki y yo tuvimos una discusión. La misma cantaleta de siempre.

Jin frunció el ceño, cada vez que Tanaka sacaba el tema a colación, las cosas parecían perder su equilibrio natural y con el paso de los años se había vuelto cada vez más difícil recuperarlo. Junnosuke confiaba en él, eso lo sabía, pero había veces  en que las teorías conspirativas de Tanaka sonaban tan verosímiles que él mismo se sorprendía de su ingenio.

Buscó la mirada del capitán, quería saber qué tan minada se había visto, desde el incidente con el anillo, esa fe ciega que le profesaba. Se arrepintió. Sus ojos estaban llenos de dudas.

—Jin, tú jamás me engañarías, ¿verdad?

—Jamás.

Le aseguró, pero incluso él notó la poca confianza que ponía a su palabra.

El menor le dedicó una sonrisa amarga que hizo que algo se deshiciera en el pecho de Jin. De pronto, esos fugaces momentos de intimidad que compartían le parecieron insuficientes y falaces, y se encontró a sí mismo moviéndose hacia él, queriendo sentirlo sólido y real en sus brazos.

Una campana empezó a redoblar en el muelle, un timbre solemne que anunciaba la llegada de un barco, y Jin se detuvo en seco. Apretando los puños a sus costados y volviendo el rostro hacia el camarote avergonzado.

—Jin, tú…

Se interrumpió, el médico había abandonado el camarote.

—Me temo que sufre de clorosis. Sus defensas están bajas por la mala alimentación y me temo que tiene una infección en las vías respiratorias.

—¿Es grave? —preguntó el capitán.

 —No creo que pase la noche.

En ese momento, cualquier tipo de esperanza que albergaban en sus corazones fue engullida por la obscuridad. Enojado, Jin soltó un puñetazo a la puerta del camarote y escupió una maldición.

—Discúlpelo, él chico, él es alguien importante—dijo tomando al médico suavemente por el brazo para alejarlo un poco del enojado pirata—. ¿Está seguro?

—Puedo intentarlo, pero no será fácil. Necesita vigilancia constante y lo idóneo sería llevarlo a tierra firme.

Jin no quería gastar tiempo escuchando cómo el médico vertía falsas esperanzas sobre su capitán, si el noble estaba tan mal como decía, no había forma alguna de salvarlo.

Entró al camarote en que reposaba y se sentó junto a él en la cama, se le veía mucho más tranquilo que la última vez que lo visitó. Tomó su temperatura y al comprobar que esta había bajado un poco apartó la mano con gesto cansino. Se sentía enteramente responsable por el chico, después de todo, él había sido el único que le había secuestrado y aún era incapaz de entender el por qué.

Ueda debería estar reposando tranquilo en una tumba marina. Un destino definitivamente más amable que tener que enfrentarse a los horrores de la enfermedad.

Como sabía que quedarse allí era tan inútil como estar en cualquier otra parte, abandonó el camarote.

Afuera, el médico y el capitán seguían discutiendo acerca del tratamiento para el enfermo.

—Jin, —dijo el capitán en cuanto le vio—busca a Koki. Necesito que encuentren un lugar para instalarnos.

—Sí, señor.

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