Capítulo 5
Cuando le dieron la bienvenida a la tripulación,
Ueda no creyó que debería desempeñar un cargo; había creído que las palabras del
capitán Taguchi habían sido puras formalidades y por eso se sorprendió cuando a
primera hora de la mañana, el pequeño grumete que les había atendido la
víspera le despertó para anunciarle que el capitán le esperaba para desayunar.
A la mesa, sentados uno a cada lado del capitán, se
encontraban Jin y el chico del parche, al que el capitán presentó como Koki, su
condestable. Este hecho impresionó a Ueda, quien había imaginado el chico debía
ser el cocinero. Tomó asiento junto a él. Su nueva situación aún era incierta y
lo menos que quería en esos momentos era enfrentarse a Jin y a sus comentarios
sardónicos; en su opinión, lo más lejos que estuviera del pirata, lo más a tranquilo
que él se sentiría.
El desayuno fue simple, un cuenco de espeso caldo
de pescado y algunas galletas que al noble se le antojaron en exceso saladas.
No hablaron mucho; los dos oficiales estaban muy ocupados devorando sus
platillos sin una pizca de modales y el capitán parecía absorto en sus pensamientos,
en tanto que Ueda les observaba sin mucho apetito. De pronto, el capitán hizo
con las manos un suave movimiento y ambos piratas terminaron el resto de sus
bocados y fijaron toda su atención en él.
—Quiero que me escuchen bien y acepten esta orden
cómo se espera de alguien de su rango—empezó. Ambos piratas asintieron—. A
partir de hoy Tatsuya va a fungir como contramaestre de nuestra tripulación y
como es nuevo en esto, quiero que le ayuden. No quiero que la tripulación se
amotine ni nada por el estilo, bastante problemas hemos tenido ya este año. Enséñenle
bien el oficio y, Koki, nada de bromas pesadas, sé que te gusta molestar a los
nuevos; sólo hay que recordar todo lo que hiciste al pobre de Kame. Por tu
culpa su personalidad quedó un poco torcida y no quiero que nuestro nuevo
integrante pierda ninguna de sus cualidades…
El discurso del capitán se extendió un poco más de
lo que a cualquiera de los allí presentes hubiera gustado, sin embargo, ninguno
se atrevió a interrumpir su perorata y cuando por fin hubo acabado, les
preguntó si habían entendido. Ambos piratas contestaron con un poco entusiasta:
“Sí, mi capitán", en tanto que Ueda sólo pudo mirarle disgustado .
—¿En qué parte del trato decía que yo iba a
convertirme en un pirata?
—En ninguna, pero aquí debes ganarte la comida. Si
no te gusta lo que te ofrezco siempre puedes pagar por el viaje.
Su sonrisa mostraba lo mucho que se estaba
divirtiendo con la situación y Ueda no iba a amedrentarse.
Con cuidado sopesó sus opciones; fácilmente podía
pagar por el viaje con las joyas que guardaba en el baúl, el anillo que usaba
de ordinario podía pagar eso y más, pero esta opción le haría parecer como
alguien dependiente de su fortuna y posición. Conocía a un montón de chavales
sin gracia y por demás inútiles que lo hacían y él no quería ser comparado con
ellos, así que optó por aceptar, aunque claro, debía ser a su manera.
—Acepto el trabajo, pero lo haré sólo hasta que
toquemos tierra. Además, voy a necesitar de un sirviente y un guardaespaldas;
no quiero que alguien me asesine mientras duermo. Tampoco creo que tú lo
quieras.
Contrario a lo que esperaba, la sonrisa del capitán
se ensanchó un poco más.
—Me parece perfecto. No esperaba menos de ti.
Los cuatro abandonaron el camarote principal para
tomar sus respectivos puestos. Taguchi se dirigió directo al timón, Koki fue
directo a la sobrequilla y se trepó en los más alto del palo mayor para hacer
la vigilancia, y Jin se quedó recargado en la puerta con insolencia, mirándose
las uñas.
—Puedes empezar a hacer el inventario—sugirió a un confundido
Ueda que se había quedado parado a poco menos de un metro del umbral—. Ya que
pronto tocaremos tierra...sería lo mejor.
—Primero necesito que se cumplan mis
peticiones—contestó, manteniendo la vista al frente en un intento de ignorar al
pirata y su desfachatez.
—Los tienes que escoger tú mismo—dijo apartándose
de la puerta para darle un ligero empujón hacia un pequeño grupo de piratas que
se preparaban para el trabajo—. Suerte encontrando a alguien de tu agrado.
Con suma cautela, Ueda recorrió el barco unas tres
veces antes de poder decidirse, había demasiadas personas y casi nulos
candidatos; no había a bordo hombre alguno que le gustara de verdad, y a ellos
no parecía gustarles él. A punto de rendirse y considerando que lo mejor era
optar por hacerlo solo, sus ojos se toparon con el pequeño grumete, que
asiduamente hacía su labor de llevar unas cajas bajo cubierta.
—Tú, ¿cómo te llamas?
—¿Yo? Kamenashi Kazuya, ¿por qué?
El chico le mostró una cara de sorpresa mal
simulada, era obvio que algo sabía pues había estado presente en casi todas las
reuniones que había tenido con el capitán, y tal vez fuera esta la razón por la
que en ese momento decidió que él debía ser su sirviente.
—Quiero que seas mi asistente. Soy el nuevo
contramaestre y necesito de alguien que me ayude a cumplir mis funciones. ¿Qué
dices, chico? ¿Quieres el puesto?
—¡A sus órdenes, señor! —dijo sin titubear. Ueda
sonrió complacido por su buena disposición.
—Bien, ahora explícame lo que debo hacer.
Kamenashi parecía saber casi tanto como él en
cuanto a asuntos de la organización y funciones de un barco, aun así, ninguno
de los dos se desanimó y mientras intentaban entender exactamente qué era lo
que el puesto de Ueda significaba, Koki se les acercó para ayudarles.
—Básicamente eres el intendente. Ya sabes, haces
las cuentas de cuánto nos toca del botín a cada quien, organizas las raciones
de comida y todo eso. De ti dependemos, pero si intentas robarnos te matamos.
Koki lo dijo con ese tono despreocupado que usaba
incluso cuando se hablaba de cosas terribles como asesinatos. Ueda no contestó,
todo lo que hizo fue tragar grueso ante la idea de cometer un error que fuera
mal entendido y pudiera derivar en su inminente muerte.
—No es difícil. Hasta hace dos días Jin cumplía con
esa función.
—¿Y por qué ya no lo hace? —preguntó inseguro, no
quería descubrir algo que no debiera saber.
—Creo que se peleó con Junno, no estoy muy
seguro—dijo encogiéndose de hombros—. Si quieres te ayudo hoy y a cambio me
ayudas mañana a preparar las galletas.
—Espera. ¿Tú haces las galletas?
—¡Sí! Yo mismo inventé la receta—le dedicó una
radiante sonrisa alegre—. No probarás mejores galletas jamás.
Ueda apenas logró alcanzar la borda antes de vaciar
el estómago en el mar. Hecho que provocó la risa del pirata, pero no era una
risa burlona, era una risa ligera, casi cariñosa.
—Jin tenía razón. Eres todo un caso—salvó la
distancia que los separaba y posó una mano en su espalda—. Vamos, hay mucho que
hacer hoy.
Ya con las explicaciones de Koki, el trabajo que se
le había asignado no parecía distar mucho del que solía efectuar en casa administrando
los bienes de su familia, así que ese día hizo un pequeño inventario que
serviría como el inicio de una nueva etapa de su vida.
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