Encontró a Jin sentado bajo el palo menor, bebiendo incansablemente de una botella, mezcla de licor y especias. Su solitaria expresión carecía de frialdad, como si hubiera perdido su espíritu de lucha.
Después de esta primera derrota, habría una segunda y luego una tercera.
—No parece gustarte lo que ves.
—Tsk.
Tomó asiento junto a él. Jin no se molestó en mirarlo, sus ojos seguían con amargura la trayectoria que el noble trazaba con su desenfrenada danza.
—A mí tampoco me gusta del todo la idea.
—No lo parecía hace unas horas.
La tranquilidad de su voz le preocupó.
—Si tanto lo quieres, ¿por qué no fuiste por él?
—¿Y decirle qué? ¿"Junno es malo, escapa conmigo"?. No soy idiota, además…
Se interrumpió al darse cuenta de lo que estaba admitiendo.
—¿No deberías estar molestando a Kame?
Koki se rascó la cabeza en un gesto que denotaba incomodidad.
—Entonces la rata sí te traicionó—rió un poco—. Parece que el único que está ganando aquí es Ueda.
—¿Qué importa?—le restó importancia—. Tú y yo sabemos cómo acaba esto.
Jin le ofreció la botella, era un gesto más de compadecencia que de compañerismo pero no pudo rechazarla; ambos sabían que a la conclusión de esta aventura, no quedaría nada de lo que alguna vez fueron.
—¿Cuánto has bebido?—le devolvió la botella, el sabor era demasiado dulce para su gusto.
—No lo suficiente.
Jin apretó los puños, obstinadamente aferrándose a la bebida y a la pena que le causaba Ueda.
—Lo mejor será que lo dejes—le dijo apoyándose en él para ponerse en pie—. Sí sigues así, sólo harás que te vuelvan a partir la espalda.
—Ja. Ja—dijo burlón, dedicándole una mirada fastidiada—. Idiota.
Koki no pudo evitar reírse por lo ridículo que ahora le resultaba ver a Jin actuando como Jin. Tal vez todavía había esperanza.
Jin rodó los ojos fastidiado y Koki quiso reír más, pero una fuerte sacudida lo lanzó al piso. El barco se quedó en silencio. Estaban bajo ataque.
No debieron haber visto al enemigo a causa del humo de las fogatas y la borrachera en sí. Creyéndose protegidos por el velo de la noche, habían bajado la guardia y estaban a punto de pagarlo con creces.
Ayudó a Jin a ponerse en pie y esperó a que éste le diera las órdenes correspondientes; de los tres, él era el que contaba con mayor experiencia y era quien estaba a cargo en ese tipo de situaciones. Pero el pelinegro parecía demasiado absorto en sus pensamientos.
—¡Espabila!—exclamó, sacudiéndolo por el brazo.
—Necesitamos ganar tiempo.
—¿Qué sugieres?
—Rendirnos.
Aunque a Koki le pareció una idea descabellada, el rápido plan que Jin había urdido parecía la única opción viable. Sus hombres no estaban en condiciones para combatir y si no actuaban con presteza, terminarían perdiendo tanto a Ueda como a Taguchi.
—Entendido.
Jin se dirigió a organizar a la tripulación y él fue por Ueda, que estaba a no pocos metros de allí.
—Tengo que ponerte a salvo.
—Kame, ¿dónde está Kame?
—Yo me encargo de él, pero primero tengo que ponerte a salvo.
A pesar del miedo que lo atenazaba, el noble asintió con la cabeza y dejó que Koki lo llevará a las mazmorras, donde lo encerró bajo llave.
—No te vayas—se aferró a su brazo a través de los barrotes—. No me dejes aquí.
Koki se volvió a él, Ueda parecía genuinamente aterrorizado y sospechaba que se debía en gran parte a lo que él mismo vivió cuando aniquilaron el Valerian.
—Está bien tener miedo—le dijo en un intento de reconfortarlo—. Es un instinto sano, nos mantiene con vida.
Le dió un apretón, un gesto a medio camino entre lo tranquilizador y el miedo.
Ueda asintió y lo dejó marchar.
Encontrar al cocinero no fue difícil, a pesar de la terrible presión bajo la que se encontraban, al chico le sobraba valentía y acompañado del médico, atendían con presteza a los hombres que habían salido heridos durante el primer intercambio de cañones.
—Ustedes dos, necesito que me acompañen.
—No puedo dejarlos solos—dijo el médico sin siquiera mirarle.
—Yo también me quedo—agregó Kame con resolución.
—Imposible—le contestó Koki con la suficiente autoridad en la voz para hacerlo dudar—. Debes servir a tu señor y él te necesita ahora.
Kame miró indeciso al médico, que parecía totalmente ajeno a la situación, su foco estaba en los hombres que luchaba por apartar de la muerte. Por un breve momento, Koki entendido por qué Jin lo había arriesgado todo para mantenerlo cerca.
—Ve—le dijo a Kame—. Yo me ocupo de ellos.
Koki le explicó lo mejor que pudo el plan y tras asegurarse de que Kame lo había entendido, le entregó las llaves de la bodega del tesoro y un pequeño y afilado cuchillo para que se defendiera.
—Cuando acabemos, tú y yo vamos a hablar—le dijo antes de marcharse en busca del capitán.
Ambos estaban al frente de la batalla y como era de suponerse, los enemigos caían como moscas a sus pies.
—Ya está—le informó a Jin en cuanto los alcanzó—. ¿Ahora qué?
—Junno.
Al tiempo que decía esto, golpeó al susodicho con la empuñadura de la cimitarra, haciéndolo caer aturdido al suelo. No contento con esto, le propinó un par de patadas a los contados, terminando así por descontarlo.
—¡Sólo tenías que desmayarlo!—exclamó Koki.
—Así es más creíble.
Jin volvió a la batalla. Koki se echó a su amigo sobre el hombro y lo llevó a las mazmorras, donde Kame ya había terminado con el disfraz de Ueda.
Al verlo, le chifló de manera poco decorosa.
—Si no supiera que eres tú, te llevaría a la cama sin pensarlo.
—¡Cállate!—chilló el noble con todos los colores en el rostro.
Koki rio.
—Ten más modales, eres una señorita.
Ueda le maldijo por lo bajo. Él volvió a reír. Jin no se había equivocado cuando le dijo que el noble bien podría pasar por una bella dama. Apesar de su traje arruinado y la mugre en la que lo había embadurnado Kame, su belleza relucía.
—Creo que ya entiendo.
—¿Qué cosa?
—Por qué pelean por tu culo.
No era tiempo de bromear, pero el puchero de Ueda logró alivianar un poco el ambiente.
Depósito al capitán en la celda contigua, la cerró con llave y convido al pequeño cocinero a arrojar los dos juegos de llaves por el ojo de buey que había en su celda.
—Confío en que no lo arruinarán.
Se despidió con una enorme sonrisa y un movimiento alegre de la mano.
Volvió a cubierta y en cuanto Jin le vió, ordenó la rendición.
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