sábado, 11 de diciembre de 2021

Red Moon Capítulo 7

 Una sensación de placer le recorrió todo el cuerpo, no recordaba ser tan sensible al tacto, un simple roce en el muslo y el dulce aroma que emanaba el hombre a su lado fueron suficientes para que comenzará a sentirse excitado.


—¿Ueda? ¿Ueda, estás desnudo?— preguntó Jin con cierta alarma en la voz, y deslizando la mano hacía arriba encontrándose con un rotundo sí. Apartó su mano al instante.

—Sí…— dijo sin abrir los ojos.

—¡¿Qué demonios te pasa, idiota?!— dijo soltandole un almohadazo a la cabeza.

—¡Ah, idiota tú!¿Por qué me golpeas?— se cubrió con los brazos para no recibir otro golpe.

—¿Por qué te acostaste así?— repitió la acción.

—¿Qué tiene de malo? No es nada que no hayas visto ya— dijo riendo, tomando la almohada para lanzarla y se colocó encima de Jin sujetando sus muñecas contra el colchón para inmovilizarlo.


Jin le miró sorprendido, una vez más Ueda actuaba fuera de lo acostumbrado pues era raro que se defendiera de aquella manera, especialmente si se trataba de él.


Al momento Ueda pudo percibir como al menor se le aceleraba drásticamente el corazón,  y el rezumar de su piel, provocando un intenso aumento en la temperatura de ambos cuerpos. "Se ve precioso cuando se agita", pensó, y un dulce aroma atrajó su nariz hasta el cuello del chico, cálido y húmedo, blanco y suave; casi podía escuchar el agitado palpitar de esa corriente vital que fluye entre el pecho y la cabeza, de pronto un apetito voraz surgió de sus entrañas, apretó el agarre y se acercó un poco más posando los labios contra la tierna carne justo encima de la yugular, inhaló profundo, casi podía saborearlo, sentía el terrible impulso de tomarlo en más de una forma; se le inflamaron las venas, los músculos tensos, no podía creer las cosas que estaba pensando, las hinchadas sienes le ardían y el cuerpo le temblaba por el esfuerzo de retener sus impulsos bajos. Soltó a Jin para luego volverlo a apresar en un brusco abrazo, le lagrimeaban los ojos de tanto apretar los párpados intentando distraer su mente, disipar aquellas extrañas ideas salvajes, inhumanas. Entonces sintió al menor corresponderle el abrazo cariñosamente, rodeándole la cintura con firmeza con un  brazo y acariciándole la nuca a manera de consuelo, así permanecieron hasta que Ueda logró tranquilizarse.


Avergonzado, relajó el cuerpo hundiendo su rostro bajo la axila del chico musitó: —Lo siento.


—No te preocupes, todavía eres como un cachorro.

—¿Qué?

—Sí, eres como un tonto chihuahua amsioso y temblorín— se lo quitó de encima. —Ahora ponte algo, nudista, y prepárame algo rico de comer.

—Sí, ya voy— dijo sin reproches, aún muy apenado, se vistió dándole la espalda y salió de la habitación sin atreverse a mirarlo.


El refrigerador estaba vacío, en las alacenas sólo pudo encontrar sopa instantánea y sobrecitos de distintos aderezos. Preparó y las sopas en el microondas, calentó las hamburguesas en una sartén y vacío las frituras en un tazón, dispuso la comida sobre la mesa y utilizó servilletas y aderezos como adornos, inmediatamente apareció Jin que soltó una risita al ver la mesa, Ueda le devolvió una tímida sonrisa y se sentaron a comer en silencio. Al terminar agradecieron por los alimentos, Jin dijo que se tomaría el resto del día para descansar y se fue a duchar, por lo tanto Ueda pensó en que lo mejor sería surtir la despensa así que llamó a Nakamaru para que le ayudase y hacer más amena la tarea en compañía de su mejor amigo.


Quedaron de verse en un supermercado, Ueda llegó antes por lo que se tomó el tiempo de comer un helado intentando descifrar el extraño curso de su vida en los últimos días, pero todo era tan borroso y confuso como un denso humo que nublandole la mente le impide encontrar las piezas faltantes desde su misteriosa desaparición y más confuso aún era hallarle sentido a sus locas epifanías nocturnas. Llegó Nakamaru y, dejando de lado todo aquello en que reflexionaba, lo saludó con normalidad, sin embargo por más que su amigo aparentase, su comportamiento era nervioso y esquivo.


—¿Te ocurre algo?

—No, ¿por qué lo dices?— dijo jugueteando con sus manos 

—Te suda la nariz, significa que estás nervioso.

—Ah, ¿estoy sudando?, no lo había notado, ja, ja— se secó el sudor con su dedo índice por ambos lados.

—Es por lo de la mordida, ¿cierto?

—Tal vez...— dijo desviando la mirada.

—No te preocupes, verás, es que estaba algo estresado y me hiciste enojar bastante y, pues ya sabes, sólo pasó. No es nada.

—De acuerdo, está bien— aceptó resignado.

—Vamos por las compras, quisiera comer algo decente, no puedo sobrevivir sólo de chatarra.

—Por cierto…¿te pusiste pelo falso en pecho?

—¿Eh? ¿Pero qué...— bajó la vista y miró el prominente bello que asomaba a su camisa. —Este, no, no sé de qué hablas— dijo con el rostro colorado intentando cubrirse jalando la camisa.

—Bueno, si tú lo dices…


Hacer las compras con Maru resultó ser la distracción perfecta, charlaron de todo tipo de cosas, música, deportes, cómics, libros, etc. En ocasiones Maru no era tan hablador, sin embargo ahora lo hacía como si no se hubiesen visto durante años y fuera el momento de vomitarlo todo, mas algo raro sucedía ahí, el comportamiento del moreno resultaba un tanto desconcertante, a ratos se tapaba la nariz o se distanciaba lo más posible de él en espacios cerrados, evitaba que pasaran por lugares con animales y no paraba de lanzar miradas furtivas a su pecho y brazos.


Un par de horas más tarde llevaron las bolsas de compra al auto, Maru sólo ayudo con un par de ellas muy livianas excusándose en que las bolsas de asa le lastimaban los dedos, le recordó que había trabajo la mañana siguiente y se despidieron con un apretón de manos.


Cuando hubo regresado a casa se encontró con Jin durmiendo frente al televisor encendido en el National Geographic, lo cubrió con una cobija y, quién sabe cómo, lo cargó entre sus brazos y lo llevó hasta la habitación recostandolo cuidadosamente, le besó la frente y se fue a recostar al sillón.


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