Ya en casa cruzó el jardín un poco más tranquilo, trepó como pudo por la ventana de su habitación, se deshizo de la ropa y se dirigió al baño para arrodillarse bajo la ducha sin poder procesar aún lo que había sucedido; el cuerpo le dolía, el corazón agitado, el brazo le colgaba en un ángulo extraño debido a la rotura de su clavícula, las venas hinchadas y palpitantes, lo único claro en esos momentos era la vista del agua arrastrando la sangre por el drenaje. Permaneció ahí largo rato hasta que se sintió limpio del sudor y la sangre, entonces se reincorporó regresando la clavícula a su sitio, se restregó con una toalla y entró a la cama decidido a no darle más vueltas al asunto pues "Mañana será otro día", se dijo.
Le extrajeron de sus turbios sueños de un fuerte bofetón. —¡¿Dónde te habías metido?!— era su madre, lucía más molesta que preocupada.
—Por ahí— respondió acariciando su mejilla.
—"Por ahí". Seguro estabas con el vago ése de Akanishi.
—Salí a dar un paseo. ¡Solo!
—¿De paseo escapandote del hospital?— le miró inquisitiva con ojos saltones.
—No me pasó nada, me desmaye y exageraron las cosas.
—Te lo perdonaré por está ocasión, pero donde te vuelvas a desaparecer de esa manera...— le amenazó con su terrible dedo índice.
—Sí— respondió con la cabeza gacha y ella asintió satisfecha. Luego murmuró por lo bajo:— vieja loca.
—Y vístete, que tu amigo Kamenashi te está esperando. —le echó una última mirada amenazadora y salió de la habitación.
—¡Genial, lo que faltaba!
Se levantó de la cama con desgano y se vistió con lentitud, todavía le dolía la cabeza por lo que se dirigió al baño de sus padres, tomó un par de pastillas de la gaveta para aliviar su dolor, se rasuró con el rastrillo de su padre cortándose un par de veces en el proceso por falta de práctica, o mejor dicho, por su nula práctica y se dispuso a salir, sin embargo notó algo extraño; el cuerpo, lo sentía como nuevo, se miró al espejo tentandose el rostro, el pecho, los hombros… ¡Los hombros! La clavícula estaba ilesa, lo mismo que su brazo, no tenía ni un rasguño, como si nada hubiese pasado la noche anterior. Sorprendentemente extraño, "Tal vez estaba muy ebrio", tomó otro par de pastillas, guardó el frasco en el bolsillo del pantalón y bajó a la sala de estar donde Kame le esperaba sentado en un sillón con una taza de té caliente en las manos.
—Hola— saludó Ueda.
—Hola, ¿cómo estás?
—Bien.
—Me alegra— sonrió y dió un sorbo al té
—Bueno, ¿nos vamos?
—¿No piensas desayunar primero?
—Comeré algo allá, tengo ganas de una hamburguesa o algo así.
—Vale, entonces vamos—dijo levantándose del sillón y colocando con cuidado la taza en la mesita de centro.—Por cierto, tú cara, ¿te rasuraste?
—No, ¿por?
—Entonces… No, nada, olvídalo—dijo dándole unas palmaditas en el hombro.
—Vámonos pues.
De camino a la agencia no hablaron mucho, únicamente intercambiaron un par de comentarios respecto al clima y lo morbosas que se habían vuelto las noticias que daba el radio. A Ueda no le pareció normal, esperaba que el menor le interrogara o que al menos lanzara algunas indirectas, pero tal cosa no sucedió, Kame permanecía sereno como siempre, tal vez le estaba dando su espacio, cosa que los demás no hacían y eso se agradecía, así que se limitó a mirar por la ventana y jugar en su mente a adivinar la gama de olores que albergaba el auto de su amigo.
Dejaron el automóvil en el estacionamiento y se fueron a su respectiva sala de ensayos, no había nadie, era temprano aún. Ueda le pidió de favor que lo pusiera al tanto de todo, trabajo, chismes, etcétera, luego procedieron a practicar la nueva coreografía con lo cual se le abrió el estómago, puesto que sin darse cuenta ya había transcurrido más de hora y media desde que llegaran. Ueda decidió ir solo al comedor y Kame le pidió que no tardará mucho. En los pasillos algunos juniors le miraban con miedo e incluso se apartaban de su camino sin siquiera atreverse a mirarle directamente, ésto le causó gracia ya que normalmente lo miraban con cierto respeto o cómo a un loco, pero nunca rehuían de él. Ya en el comedor se encontró con un solitario Jin comiendo pizza, y sin dudarlo se sentó a la mesa frente a él.
—¿Qué haces?—preguntó con cierta timidez.
—Como—dijo sin dejar de masticar.
La pizza se miraba deliciosa y Jin muy guapo, seguro tenía algún trabajo o sesión fotográfica importante programado para ese día pues iba bastante acicalado, un poco más que de costumbre, de la rebanada que se estaba comiendo escurrían tiras de queso desiguales, llevaba los primeros tres botones de la camisa desabrochados, la corteza de pizza rellena y gruesa salpicada de ajonjolí, la nívea y blanda piel en contraste con el traje negro, la rebosante salsa de rojo intenso, desprendían un aroma dulce y fresco, el leonesco peinado sobre el hermoso rostro de expresión despreocupada, el pepperoni caliente y brillante por la jugosa grasa, los labios húmedos y carnosos… Ueda comenzó a babear involuntariamente, Jin le dió un zape.
—Responde, menso.
—¿Eh? ¿Qué?— dijo saliendo de su embelesamiento.
—Olvídalo— dijo guardando el resto de la pizza en su caja.—Te veo al rato—se puso en pie y dió media vuelta.
—¿Qué haces con el chico perro, Akanishi?— le detuvo la voz de Nishikido Ryo.
—Ahg, ¿qué quieres, Ryo?— respondió Jin con fastidio.
Ueda permaneció sentado y en silencio.
—Ay, estos días has estado insoportable. Relájate— dijo dándole lo que pretendías ser una juguetona palmada en el brazo, que se parecía más a un golpe.
—Y tú has estado insoportable toda la vida— dijo empujándolo del hombro.
—Tranquilo, amigo— su actitud era arrogante como siempre.
Ueda vió en ésto una oportunidad para escapar, pero al intentar levantarse un par de manos sobre sus hombros lo retuvieron empujándole de vuelta a su asiento, era Yokoyama Yu.
—Cómo sea, sólo vine para invitarte a una fiesta, pero no esperaba encontrarte con… él— dijo barriendo a Ueda con la mirada y agregó con un tono aun más despectivo: —por cierto, está prohibido llevar mascotas.
Esto último colmó la paciencia de Ueda provocando que se levantase a una velocidad que ninguno de los presentes puedo leer, tomando a Nishikido por las solapas y alzando un par de sentimetrsos del suelo.
—Vuelve a insinuar que soy un animal y te parto la cara— dijo apretando los dientes.
—Pues no deberías ir por ahí mordiendo a las personas, podrías provocar una epidemia— hizo una mueca de asco para provocarle más.—Jin, controlalo, ¿quieres?
Ueda apretó más su agarre.
—Vete al demonio, Ryo— dijo Jin, chasqueó la lengua y dió media vuelta.
—Bien, pero si tu perrito se pone a llorar no es mi problema
—¿Cómo me llamaste?— los ojos centelleaban rojos de furia.
—Perrito— él y Yokoyama rieron al unísono, algunos johnnys que andaban cerca también lo hicieron.
—Te lo advertí, canalla.
—¿Qué vas a hacer? ¿Morderme, animal?— sonrió burlonamente.
—Si así lo quieres.
Ueda extendió sus brazos para tomar impulso y abrió la boca para preparar la mordida, mostrando unos inmensos y afilados caninos, de color marfil muy brillantes. Mas se vio frustrado en su acción al sentir las manos de Jin sujetandole cara y cabeza jalandolo hacia él, obligándole a soltar a Nishikido.
—¡Ah, bestia salvaje!— exclamó Nishikido retrocediendo con el rostro envuelto en miedo y sorpresa tropezando con sus propios pies, mientras que su acompañante rompía a carcajadas.
Jin abrazó a Ueda con fuerza por los brazos y se lo llevó a rastras del lugar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario