martes, 15 de junio de 2021

The Ocean At The End Of The World Capítulo 17

 Habían pasado tres días desde que los interrogatorios comenzaran, y a pesar de que no había tomado parte activa en ellos y de que había hecho todo lo posible por mantenerse alejado de la enfermería, Ueda había pasado los días obligado a ser testigo de ellos debido a los cuidados que tan diligentemente Taguchi le prodigaba.


Los primeros dos días interrogaron a grupos de piratas al azar, las preguntas eran cortas y muy bien cuidadas, el noble incluso notó que algunas de ellas eran preguntas trampa, pero a pesar de esto los resultados que arrojaron fueron bastante pobres.


Ese día, se estaba interrogando a los vigías y, a pesar de mostrarse renuentes a contestar, terminaron por confesar que Jin rara vez cumplía con las vigías y que pasaba la mayor parte del tiempo rondando el barco a horas inapropiadas.


"Nada nuevo", fue la seca respuesta del capitán.


Por la tarde, se tomaron un descanso. Taguchi y Koki dejaron solo a Ueda para discutir algunas cosas y éste aprovechó para echarle un vistazo al cuaderno de anotaciones de Koki. Si bien la escritura era descuidada y torpe, era lo suficientemente legible. Las notas no revelaban mucho, pero la lista de las personas a ser interrogadas el siguiente día lo alarmó.


Todos eran piratas que tenían un cargo, ya fuera grande o pequeño, incluso su nombre aparecía allí, pero ya estaba tachado. Lo que realmente le preocupó fue ver el nombre de Kame con la leyenda "sospechoso" debajo de él y, a un lado, el nombre de Jin.


El miedo hizo presa de él, había páginas enteras de sospechas hacia Kame, casi todas eran situaciones circunstanciales que de alguna manera parecían coherentes. Ueda habría creído que Kame realmente estaba aliado con Jin de no ser porque había experimentado de primera mano el desagrado mutuo que se tenían. También encontró algunas frases  que le hicieron entender la raíz del odio que Koki le tenía a Jin y le dió una idea vaga del fundamento de la relación que este último sostenía con el capitán.


Dejó el cuaderno justo como lo había encontrado sobre la mesa y salió directo a las cocinas en busca de Kame.



El chico estaba de pie frente a una mesa, chuchillo en mano y una fila de ingredientes esperando a ser preparados por él, su rostro se veía pálido y sus movimientos eran bastante torpes. De inmediato el noble corrió en su auxilio y cuando Kame sintió las manos de Ueda posarse sobre las suyas para detener sus movimientos, de inmediato sus ojos soltaron dos gruesos lagrimones.


—Koki vino en la mañana—dijo entre temblores—. El capitán...el capitán va a interrogarme personalmente mañana.


Para Ueda parecía un curso de acción lógico, debido a la amistad entre el pirata del parche y el nuevo cocinero, el interrogatorio podría resultar enteramente parcial. El problema era, claro, que Taguchi era difícil de leer y sus cambios de humor-aunque bien enmascarados bajo su carácter cortés y su buena educación-eran más imprevistos que los del propio Jin.


—Estarás bien—le aseguró Ueda con voz suave—. Me aseguraré de eso.


La confianza que puso en sus palabras pareció surtir efecto pues Kame enjugó sus lágrimas y de inmediato se animó.


—Yo estaré ahí, así que no temas.


Alegre de que su endeble intento de consolación hubiera funcionado y temiendo que su propia ansiedad se reflejara en su rostro, se apartó de Kame y se soltó en una cháchara alegre acerca de cómo el que Koki se hubiera tomado la molestia de advertirle sobre las intenciones del capitán, demostraba que a pesar de todo aún se preocupaba por él y por tal, su amistad no había sufrido ningún daño que fuera irreparable.


Kame se animó aún más y por fin recuperó el cuchillo que el noble le hubiera quitado de las manos y de inmediato se puso a preparar la cena. Fue entonces que se dió cuenta de que Ueda estaba sumergiendo trastes sucios en una cubeta de agua con apenas jabón para luego sacarlos, sacudirlos un poco y apilarlos con los trastes limpios.


—¿Qué estás haciendo?—preguntó horrorizado.

—Te ayudo.


La sonrisa que le dedicó era tan brillante y sus intenciones eran tan honestas que no pudo decirle nada.


—Mejor ayúdame a cortar estos.

—Claro.


Ueda dejó los trastes y fue directo a cortar las pocas verduras que aún se encontraban en buen estado. Los cortes eran desiguales y casi no se había desechó de las partes oxidadas, pero Kame no dijo nada, ambos estaban haciendo su mejor esfuerzo por sobrellevar la adversidad que se cernía sobre ellos.



Durante la cena, si bien no dijeron nada por el horroroso aspecto del guisado, Taguchi sí que puso una cara que le dijo a Ueda que parecía estar cuestionándose su decisión de promover a Kame. Una expresión que se acentuó al probar el primer bocado.


—Yo ayudé un poco—dijo entonces, con su mejor voz de niño bueno—, ¿cómo quedó?

—Es bueno—contestó de inmediato Taguchi—. Sé que pronto mejorarás tus habilidades culinarias.


Koki soltó una carcajada y se embutió una galleta salada.


—No está mal, no está mal. Por cierto, estoy pensando en cambiar el interrogatorio, hacerlo directo con Jin y el médico.

—¿Interrogarlos?—preguntó Ueda un poco consternado.

—Jin es el acusado después de todo.

—Si crees que aún siguen vivos...—fue la respuesta de Taguchi.

—¿Cómo los traicionó?—preguntó Ueda, tratando de parecer genuinamente curioso mas no ansioso ni fuera de lugar.

—Es una larga y absurda historia—se adelantó a Koki el capitán.

—No pareces creer que sea culpable.

—Por supuesto que no.


El rostro de Koki mostró su disgusto. Ueda, por su parte, estaba un poco sorprendido de saber que alguien con la aguda inteligencia de Taguchi pudiera ser fácilmente engañado por Jin.


—Aunque—agregó Taguchi un tanto avergonzado—, es una opinión basada en el orgullo y la terquedad más que en la evidencia.

—El orgullo cuesta demasiado y nos deja con las manos vacías—le recordó Koki.


Taguchi pareció sopesar un poco antes de volverse a Ueda con expresión juguetona.


—¿Tú qué opinas? ¿Crees que Jin es un traidor?


Ueda rumió cuidadosamente cada una de las palabras antes de decirlas.


—Creo que es leal, es sólo que... parece confundido.

 

Al oír esto, la cara de Taguchi se ensombreció pero de inmediato sonrió.


—No importa, al final sólo Jin sabe la verdad.


Ueda sabía que esas palabras no podían ser tan despreocupadas como sonaban, pero ninguno insistió y la cena volvió a su cauce normal.



El capitán se ofreció a acompañar a Ueda a su camarote y, a pesar de que las atenciones de Taguchi eran cálidas y reconfortantes, Ueda no podía evitar sentir que había algo de ambiguo en ellas. Tal vez se debiera a la forma inusual en que se habían conocido, o a la constante incertidumbre que se cernía sobre ellos como la espada de Damocles…tal vez sólo fuera a causa de Jin.


Esa noche, sin embargo, tras la cena, Ueda sintió que había algo de extraño en el estado de ánimo existente entre ellos dos, pero tampoco sabía cómo preguntar acerca de ello, por lo que se detuvo antes de llegar a su apartamento y se volvió hacia él. 


Los ojos del capitán le mostraron una apariencia desolada, como la de un lobo bajo la luz de la luna.


—¿Estás bien con todo esto?—formuló esta pregunta en lugar de la otra que tenía en mente.


Taguchi cruzó los brazos y se quedó pensando, inmóvil. Se veía tan cansado que de no tener los ojos abiertos y de estar de pie junto a él, Ueda hubiera creído que ya se había dormido.


—¿Sabes qué es lo peor que te pueda pasar?—dijo al cabo de un momento, en un arrebato de sinceridad—. No poder confiar en la persona que más quieres. 


Ueda guardó silencio, sentía que había entendido toda la situación, pero también estaba muy confundido, como si al mismo tiempo no hubiera entendido nada.


Taguchi le sonrió, luego tomó su mano y la besó con ceremonia antes de despedirse de él.



De regreso en la cabina principal, Taguchi se encontró con el lugar sumergido en penumbras. Koki no se veía por ningún lado y un resplandor plateado proveniente del lugar le hizo detenerse en el umbral. Sentado a la mesa, Jin le esperaba.


—Veo que despertaste.


La cimitarra descansaba desenvainada sobre su regazo y sus largas piernas reposaban descuidadamente sobre la mesa, pintando un cuadro de arrogancia. Con desidia, pateó una silla hacia él.


—Siéntate.


Taguchi bufó.


—Con toda esa fuerza bien podrías haber incendiado el barco y nadar hacia la costa más cercana sin apenas suspirar.


Las comisuras de los labios de Jin se elevaron,  dándole un aspecto diabólico. Un frío le recorrió el cuerpo a Taguchi y tuvo la sensación  de que Jin estaba a punto de arrancarle la cara a alguien.


—Y sin embargo aquí estoy.


Sus palabras parecían haber sido dichas en broma, pero Taguchi no quiso tentar a su suerte y después de cerrar la puerta tras de sí, se sentó en la silla.


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